La imagen-animal. Si la imagen-colonial sigue caminos rectos.
El carnicero corta el animal siguiendo las curvaturas del mismo.
La imagen-circular. La imagen-recta es la de la guerra. Los caminos zigzagueantes son los que no llegan rápidamente sino los que requieren del pensar.
Como vemos. Nos mira y la miramos.
https://www.youtube.com/watch?v=5qw0BHA6RQI&t=167s
Blog de Víctor Silva Echeto. máquina de escritura que, en su exceso, fagocita significantes.
martes, 20 de marzo de 2018
miércoles, 14 de marzo de 2018
De confidentes y verdades musitadas
De confidentes y verdades musitadas
I
El final del siglo XX y
comienzos del XXI, implicó un cambio importante en las relaciones entre
ciencias sociales, humanidades, arte y producción artística y política.
Mientras las universidades y las agencias de evaluación globales, adquirían un
modelo de producción científica neoliberal que se había globalizado, junto con
la economía; activistas, escritores, videoartistas, músicos, transversalizaban la producción
desafiando a esos modelos que –como cuotas de mercado- planteaban la separación
–más conversadora aún que la teoría sociológica de los campos- entre ciencias y
prácticas poéticas –en un sentido amplio-. En efecto, a la sociología o la
comunicación, se las ubicaba como ciencias sociales aplicadas, dependientes de
mercados del saber y de sus prácticas políticas y estéticas.
Se produce un retorno a
un neo-positivismo neo-objetivista, que, en el fondo, intenta ocultar su
incapacidad para referirse a un mundo sin mundo (mundialización), o a una a refencialidad
llamada globalización (lo global no tiene referente). Y, aún más, a un tiempo
fuera del tiempo. Ruptura de la binariedad del espacio y el tiempo y terceridad
de la luz.
II
No existe la sociedad,
clama el espectro de Eloy Fernández Porta, pero –como todo espectro- desde la
palabra musitada. Como el espectro de
Hamlet aparece por las noches y a media luz y le habla –quien lo escucha
tembloroso- a Horacio, quien siente pavor y asombro. “Juro a Dios que nunca tal
creyera sin el testimonio fiel de mis propios ojos”. Es una confidencia, un
secreto, a media luz (como canta el
tango). La sociedad nunca ha existido, es una fábula, una performance, la luz
sin luz, o el retorno de las luciérnagas. La sociedad es canibalizada por la
demoscopia, desde Colón, quizás el primer sociólogo y demoscópico–quien les
colocó el nombre a los caníbales y los midió-, mientras que el espectro de la
confidencia no canibaliza sino que antropo
e iconofagiza el cuerpo.
https://www.youtube.com/watch?v=XvtiM48eKHI
En
la confidencia. Tratado de la verdad musitada se ubica en el
entre o intersticio de una sociología de las emociones y de un activismo estético
(para ir más rápido) y anéstetico (por utilizar un término Dadá). Es un juego
de emociones, de confidencias que el lector asume –en su activismo- cruzando la
pantalla de la página e introduciéndola en su secreta lectura. Novela negra y
sonido a-tonal, escritura de no ficción,
provocada por la ficción de una escritura que se desborda como signo sin
referente. Vulgaridad, habladurías, hablar por hablar, sin sentido de la
palabra. Ésta, ya ha sido desbordada. Primera estación: el silencio (escucho a
Cage en 4’33’’)
Próxima estación: el
secreto. Freno de mano al tren de la historia.
Un tajo en la historia, desgarrar el relato hasta que vuelva imposible
la narración.
https://www.youtube.com/watch?v=0J9fTmVxxoM&feature=youtu.be
III
La confidencia no puede
encararse desde un solo registro. La mezcla de “máquinas” (Deleuze) visuales,
sonoro-vocales, escriturales, corporales, mezcla carne y hambre. La voz se
acerca al oído y musita. En la
confidencia ingresa por caminos laberínticos. Frente a la autovía
capitalística de mercado que nos indica hacia donde tenemos que ir y el GPS que
nos va llevando para llegar más pronto, los caminos que no tienen dirección. El
AVE, pájaro de metal, llega sin viajar. El secreto se pierde y nos pierde.
El hombre sin nervios espera y
musita.
Camino de bosque, la
chica cubierta se pierde entre los bosques: musita. Invasión de fuegos sobre
“las malas hierbas” y ruidos de constructoras que invaden la floresta –tal cual
máquinas de guerra- y ponen en peligro el silencio.
https://www.youtube.com/watch?v=f_g8LDAxIiE&feature=youtu.be
Si Narciso no existiera
habría que inventarlo. Pero su fealdad no le permitiría mirarse en el espejo de
agua. Se horrorizaría. Si monstruosidad viene de mostrar, la imagen es
monstruosa y no puede referirse a una “belleza” en-rostrada. El pathos de En la confidencia es más pathosformel
(Warburg) angustia, emoción, rostro patético atravesado por el temblor. Sujeto,
sociedad, cultura, avergüenzan a las emociones. Sentir vergüenza es el mayor
estimulo. Remedio y enfermedad, droga y veneno, pharmakon de la red (pharmakon
electrónico), arqué y mal de archivo. La mitología solo puede asumirse desde el
mal. El gran Otro avergüenza al hombre sin nervios.
IV
En
la confidencia se presenta como un tratado, trata y asume que la verdad solo puede musitarse, no plantearse desde el
alegato brutal del grito. El amor y la amistad unen, el silencio traza tramas.
Alienados: alien-ese Gran Otro. Mercantilismo y humanismo, jamás serán
vencidos, parafraseando a Nicanor Parra. La confesión es el tercero en
discordia. Freud lector de San Agustín. Foucault observa e interrumpe la lectura.
Datas: ceros y unos por todas partes. Pero Facebook
es más autoritario aún: me gusta. Dissa (Sukenick), reparto de sensibles y
no de banderas: el des, desacuerdo, desafiliar, desasociar. Competencia
dadaísta entre una máquina de coser y una de escribir. ¿Quién gana? La máquina
de coser, tejer, textualizar.
Diseminar, expulsar semen, eyacular, la imagen sólo
puede ser posible desde los flujos, fluidos : “leakear”. Máquina de escribir
sobre la cual se expulsan las letras. Flaca grafía montada sobre Rocinante.
Cervantes o Fernández Porta. Los selfies son las nuevas fotos de los DNI.
@sujeto o #sujeto, ambos son interpelados piden – ruegan ser interpelados.
V
El sujeto rapea, en la
actualidad, pedalea al ritmo del rap, se desequilibra moviendo sus brazos en la
ciudad virtual sobre dos ruedas. Los políticos imitan el rapeo. El rock deja
por el camino la performance de Jimi Hendrix con fuego y agua o, en otro
registro, con la comida y el sexo y se pop-ulariza en los medios. Ya se veía venir
cuando Frank Zappa (el tocapelotas norteamericano como se lo definió
recientemente) declara ante la Comisión de Comercio, Tecnología y Transportes
del Senado americano, ante la denuncia entre otras de Tipper Gore, esposa del
futuro vicepresidente de Estados Unidos, Al Gore. Un defensor de la
multinacional ecologista. Si la ley que controla al rock y no al country “fuera
aprobada”, cuchichea Zappa, “tendría un efecto proteccionista para la música
country, dando más garantías a los cowboys que a los niños”. Rapear, teclear
(otro forma de rapeo), correr hacia ninguna parte. O cuchicheo y chisme.
El fin del oyente confiable y la huida del hombre
sin nervios.
VI
El escritor de
auto-ayuda nos quiere ayudar. Generosa
multinacional del sujeto. Democrática tecnología del yo. Humanismo del mercado yoístico. Paranoia, panóptico lumínico:
no, “ese rumor no es nuestro”. Legado ciberpunk, lucha del individuo contra
estas multinacionales (de la auto-ayuda, del sujeto, de las tecnologías del yo
y del rumor), secularización del hombre contra los dioses. Madre electrónica
(el móvil), madre lavadora. Segunda naturaleza, ¿o tercera? ¿O cuarta? La numeración
no es más que un salto cuántico, número transfinito que imposibilita contar,
aleph que contiene las imágenes en otras imágenes. Cantor tiene una apellido
musical. Musita tras los números que se nombran con una lengua fuera de la
lengua: aleph. Retorno circular: ciencias sociales, humanidades, arte y
producción artística y política, retornan pero esta vez como trauma, musitando en la confidencia. La mujer no
confunde al hombre sin nervios con un
sombrero sino con otra persona.
miércoles, 10 de mayo de 2017
A propósito de las Insurgencias Poéticas de Arturo Borra
I
Postdictadura
El discurso de la
postdictadura en España no fue asumido en su totalidad. A excepción de
algunos/as creadores/as (prefiero hablar de creadores y creadoras en el sentido
de Deleuze y Guattari, 1999, más que de poetas), la llegada de un contexto
político que transformó “la melancolía” (Benjamin), lo disruptivo, en una
historia lineal y progresiva con toques de folclore y luces de neón, fue
dejando por el camino las imágenes confusas de décadas de violencia social y
política. Así, las ecuaciones arte y política (Richard o arte activista (Mesquita,
2011), proclamada en postdictaduras como las latinoamericanas, fueron dejando
paso a ciertas discursividades condescendientes con los poderes de turno. Sí,
hay que reconocer, que las manifestaciones callejeras (desde las protestas
contra la OTAN, la Guerra de Irak o el punto de inflexión del 15M), si bien
implicaron formas de arte activista, en España en muchos casos no cruzaron esa
frontera y quedaron en el activismo, más
allá de ciertos grafitis o cartelería del 15 M. Para André Mesquita (2011: 17),
el arte activista no significa sólo arte político.
Yo prefiero hablar de
poética activista, la que implica un
compromiso directo con las fuerzas de una producción no medida por los
mecanismos oficiales de representación. Esta no-mediación también comprende la construcción de ciertos
colectivos de intercambio y de compartimientos abiertos a la participación social,
que, inevitablemente, entran en confrontación con los diferentes vectores de
las fuerzas represivas del capitalismo global y su sistema de relaciones entre
gobiernos y corporaciones, la reorganización espacial de las grandes ciudades,
el monopolio de los medios de comunicación y del entretenimiento por grupos
poderosos, redes de influencia, complejo industrial-militar, órdenes
religiosas, instituciones culturales y educacionales.
La poética de Arturo
Borra es una poética que privilegia los procesos de trabajo en contra del camino del progreso y su
énfasis teórico privilegia lo
indisciplinado (Silva Echeto y Browne Sartori, 2007) más que lo multi,
inter o transdisciplinario. Mucho más que un objeto de arte tradicional, su
poética lanza en sus acciones un vocabulario oriundo de las “ciencias de la
guerra” y comparte con el activismo los conceptos de tácticas y estrategias.
Para el Che Guevara, para conformar las estrategias hay que analizar los
objetivos que serán realizados, en cuanto a las tácticas son los métodos
prácticos de realización de los objetivos estratégicos distintos (Guevara,
1961: 14-ss). El disparador, entonces, para analizar la poética de Arturo Borra
en la postdictadura española es preguntarse, en consonancia con algunos casos
de América Latina –de donde es oriundo-, como fueron conformándose las tácticas
y estrategias para la construcción de esa poética de la insurgencia o para ese
arte activista. Resuenan, obviamente, en estas preguntas el arte para vivir de las nuevas generaciones de Vaneigem pero,
también, la crítica de Benjamin al fascismo y otros teóricos de la revuelta de
las imágenes.
II
Oídos, palabras de la
incerteza, límites sobrepasados por una hermenéutica que ya no interpreta, ni
una fenomenología que ya no encuentra sentido. Sinsentido, no más hermenéutica,
sino enclaustramiento que encadena sensaciones, deseos. Escucho OMEGA de
Enrique Morente y los Largatija, no hay otra forma de leer el exilio.
Paseo del esquizofrénico más que pasividad del
psicótico. La escritura nos interpela,
nos toca, nos susurra, digo nos pero tendría que colocar la paradoja del “nos”
“otros”. Hay una espera deconstructiva, un por-venir que no llega sino que es
inminente.
El espectro, la
fantasmagoría de Beckett a Benjamin o Blanqui, fantasmagoría como imaginación
como imágenes incompletas sobre las que no hay una estabilidad significante.
Las sombras “toman” esa
casa (Cortázar) la invaden, son espectrales fantasmagorías, somos alienados por
esa ocupación de fantasmas sin identidad, por esas imágenes, pantallas, rostros
con/sin cuerpo, ¿qué otra cosa sino es la imagen?
Anti-fenomenológo,
anarquista de la palabra. Son los cuerpos sin órganos con Mallarmé, Artaud, Van
Gogh. Hospicios como no lugares acusados por el dedo de la ley, la locura como
liberación o el suicidio como el devenir de la vida.
El apunte
desterritorializa la palabra y la sitúa en el desvío del poema (si es que puede
llamarse poema), búsqueda de ese exterior desaparecido, en el movimiento
nómada, en la antropofagia (más que en el canibalismo) que devora los signos,
que muestra la oreja cortada como signo de escucha.
Resistencia contra
todos los significados (“significa que hay que estar contra todos los
significados”), alarde punk o en clave de rock and roll sobre la autoridad, la
seguridad, el encerrarse en signos, por ello, el grito asignificante, el pensar
sin estado o contra el estado. Don, intercambio, comunidad como falta de
comunidad, lo común como espacio sin completar.
Hay una imagen que me
viene siguiendo hace mucho tiempo. Gilles Deleuze no puede respirar
“libremente” y decide el acto más humano si lo hay: se tira por una ventana, el
suicidio lo libera de la vida. Hoy podríamos muchos practicar este gesto
“metafóricamente”, en momentos en que no podemos respirar, los gases
lacrimógenos, la represión, la falta de eso que nos falta. Arturo Borra no es
un poeta encasillable, no se puede encuadrar ni definir, no entra “en la teoría
de los campos”.
III
Figuras de la asfixia
su poemario escrito en los 10 años que van desde 2001 a 2011 es un alegato por
esa respiración que nos falta. La asfixia política-poética es la falta de
“aire”, la última salida –si-es - que-hay- salida. Fascismo de intensidad
variable como prefiere catalogar el fascismo de baja intensidad planteado por
Antonio Méndez es el que cruza por una historia atravesada por esa im-posible
respiración, por esa falta de aire. Lo leería “saltando por una ventana”, gesto
humano que permite el devenir de la vida: el suicidio.
“Hay salida” dice el
poeta al final-principio de la utopía. Este no lugar al que conduce la práctica
libertaria, el ejercicio de la escritura como “liberación”, como respiración.
Reitero: léanlo saltando, metafóricamente, por su venta más cercana.
Es el oasis de Primado
entre tanta necedad e hipocresía. Su poética es toda geografía. La geografía en
América Latina es humanidad y la humanidad geografía. Es un límite, una
geografía como grafía, como escritura.
Geografía del hambre se
llamó a la América Latina descolonizada (Solanas-Getino), do fome escribía en
grafía portugueso-brasileño Glaubert Rocha (Roya… dicen los brasileños
acercándose a la tana pronunciación rioplatense). Falta la geografía del miedo,
de la memoria, del amor, del amor por el tiempo… Pero allí está Arturo… Calla y
mira como pidiéndole tiempo al tiempo.
miércoles, 3 de mayo de 2017
Sobre Barcelona. Libro de los pasajes de Jorge Carrión
Se ha sostenido en diversas
oportunidades que Walter Benjamin fue un incomprendido en su tiempo. Sus
propios colegas del Instituto de Investigaciones Sociales (mal llamada Escuela
de Frankfurt) en diversas oportunidades, y tras su muerte, intentaron cambiar,
adaptar, hacerla más “llevadera” a su escritura. Quienes, quizás, mejor
asumieron los textos benjaminianos no fueron ellos, como a veces se sostiene,
sino escritores como Bataille.

Fue justamente Bataille quien
guardó y conservó los manuscritos del Libro
de los pasajes. Casi 80 años después de su suicidio intentando llegar a
territorio catalán, Jorge Carrión, con un gesto –creo y que me disculpe la
inflexión- benjaminiano escribe Barcelona.
El Libro de los pasajes.
Utilizando las técnicas de aquel: las citas, los fragmentos, la mímesis, realiza un montaje, de un proyecto que, a diferencia de Benjamin, enmarca otros pasajes barceloneses: aquellos que, en el capitalismo tardío, han intentado ser ocultados por el auge del turismo y la nueva gentrificación urbana.
Si Benjamin consideraba en su crítica a la historia que, más que subirse al tren del progreso, había que ponerle el freno de mano a la locomotora. En época de AVES –y no precisamente voladoras- Carrión pone el freno de mano, se detiene, ve con ojos muy abiertos y a veces, cerrándolos para escuchar, dialogar, convertir la hemeroteca en un pasaje, en su ciudad (gesto benjaminiano sin los hay). Montaje y constelación.
Utilizando las técnicas de aquel: las citas, los fragmentos, la mímesis, realiza un montaje, de un proyecto que, a diferencia de Benjamin, enmarca otros pasajes barceloneses: aquellos que, en el capitalismo tardío, han intentado ser ocultados por el auge del turismo y la nueva gentrificación urbana.
Si Benjamin consideraba en su crítica a la historia que, más que subirse al tren del progreso, había que ponerle el freno de mano a la locomotora. En época de AVES –y no precisamente voladoras- Carrión pone el freno de mano, se detiene, ve con ojos muy abiertos y a veces, cerrándolos para escuchar, dialogar, convertir la hemeroteca en un pasaje, en su ciudad (gesto benjaminiano sin los hay). Montaje y constelación.
En los detalles del texto está su
constelación y no hay un afán totalizador. Si texto viene de “tejer”, Carrión
va “tejiendo” los pasajes barceloneses como endebles piezas de un juego mayor.
Pero, también, como Cervantes, el primer pasajista, recorre la ciudad dispuesto a cartografiarla, a
diseñar una arquitectura micro-histórica.
Si los pasajes no tienen
exterioridad ni afuera (diría abusando de los términos), el texto hilvana un
recorrido que nos convierte en paseantes que no seguimos un recorrido lineal (el
de la Historia) sino laberíntico (el de la micro-historia). Vean que paseantes
son aquellos que no van de prisa, no la tienen, siguen una rítmica particular,
no acelerada. Por tanto, el pasaje más que
claustrofóbico –como podrían ser otros “pasajes” como las autopistas (entre
ellas las autopistas de la información o los trenes rápidos)- implica una
liberación de “esos pasajes del mercado” y especulativos que Benjamin pudo
intuir pero no prever. El libro de los pasajes es memoria de la ciudad, es su
“archivación” (si se me permite el neologismo), pero también su deconstrucción
o reconstrucción, para no hablar de la destrucción tan anhelada por Benjamin.
Son montajes en los que el lector es el que arma finalmente la película.
En los pasajes se van
intercalando citas que conforman un atlas, donde el lector puede entrar por
cualquiera de sus series sin necesidad de continuidad ni de jerarquías. Los
anónimos paseantes encuentran en sus páginas el reconocimiento.
También están las ciudades
invisibles de Calvino –todas ellas con nombre de mujer- laberínticas, imaginadas
e inimaginadas. Es en resumen, Barcelona como una reserva de heterotopías.
martes, 2 de mayo de 2017
Walter Benjamin y sus ciudades 3
Infancia en Berlín hacia el mil novecientos fue publicado por primera vez en 1950, luego de la muerte de Benjamin, producida en 1940. Data de 1932 y son sus recuerdos de infancia. Hay otra versión de 1972, a la que se añaden textos descubiertos después de 1950. En 1981 se descubre una versión completa que es, a su vez, la de 1938. En 1988 se descubre otra versión completa, aún, más antigua. Es un juego de muñecas rusas unas dentro de otras.
Walter Benjamin y sus ciudades. 2
Los temas que están presentes en Calle de dirección única, tendrán su continuidad en los otros dos libros sobre las ciudades: Infancia en Berlín hacia el mil novecientos y El libro de los pasajes: 1. la crisis económica en Alemania; 2. su infancia en Berlín y 3. París (la capital francesa). Cada una de las entradas podría ser el nombre de una calle. En forma paralela, el corso Palladio funciona como un pasaje. Los temas se cruzan: si Pasajes es un libro sobre París en el siglo XIX; su infancia es de principios de siglo XX y calle de dirección única abarca ambos períodos.
La entrada Piso de diez habitaciones lujosamente amueblado dice:
"El estilo de muebles de la segunda mitad del siglo XIX sólo ha sido bien descrito y analizado por cierto tipo de novelas policíacas en cuyo centro dinámico se encuentra el terror de la casa (...) las calles del París presentes en los poemas de Baudelaire no existieron hasta después de 1900...".
La entrada Piso de diez habitaciones lujosamente amueblado dice:
"El estilo de muebles de la segunda mitad del siglo XIX sólo ha sido bien descrito y analizado por cierto tipo de novelas policíacas en cuyo centro dinámico se encuentra el terror de la casa (...) las calles del París presentes en los poemas de Baudelaire no existieron hasta después de 1900...".
Walter Benjamin y sus ciudades
Hay cuatro libros (uno de ellos inacabado) de W Benjamin sobre las ciudades: Diario de Moscú; Calle de dirección única; Infancia en Berlín hacia el mil novecientos y El libro de los pasajes.
https://www.jotdown.es/2018/01/diario-de-moscu-1917-2017/
El segundo se publicó en enero de 1928 pero estaba acabado en septiembre de 1926. La idea ya se le había ocurrido en 1924. Se inspira en la calle principal de Vicenza: el Corso Palladio.
https://www.google.es/maps/place/Corso+Andrea+Palladio,+36100+Vicenza+VI,+Italy/@45.5476996,11.5428945,17z/data=!3m1!4b1!4m5!3m4!1s0x477f33d62606d005:0x9b0af8565160c5d5!8m2!3d45.5476996!4d11.5450832?hl=en
A su vez el título del libro da cuenta de una señal de tráfico: dirección única
Escribe Benjamin: es una calle "que abre una perspectiva de profundidad tan repentina (y no lo digo en sentido metafórico) como el Corso Palladio de Vicenza".
En la compleja obra de Walter Benjamin hay un librito intitulado Diario de Moscú que destaca como su documento más personal, directo y transparente. En él relata una estancia de casi dos meses, del 6 de diciembre de 1926 a finales de enero de 1927, en la capital mundial del comunismo. Cuenta casi hora por hora sus paseos en una ciudad helada, sus considerables dificultades económicas, sus deseos, sensaciones ambiguas y frustraciones, hasta la desgarradora despedida. Anotará, con una precisión muy evocadora, tanto una conversación con Asja Lacis sobre un cinturón «barato» que le ofreció el escritor alemán Ernst Toller, de paso por Moscú, como el estilo arquitectónico de la ciudad, caracterizado por las numerosas casas de una o dos plantas, las tiendas que no ofrecen otra cosa que un canasto de la ropa con manzanas o cacahuetes, la manera de empaquetar y desempaquetar unas porcelanas en un escaparate, o las –pocas– veces que consigue un beso de la mujer amada. Hace también observaciones muy significativas como, por ejemplo, sobre la presencia de campesinos que viven una vida de aldea en el mismo corazón de la capital, o una reunión de intelectuales más o menos opositores, una función censurada en el teatro de Meyerhold, un encuentro con el «acomodado» Joseph Roth. O constata que las distinciones de clase, en teoría abolidas, no impedían que se estableciera un nuevo sistema de castas dentro del partido.
En este viaje a Moscú –marco perfecto según las reglas del teatro clásico francés: unidad de tiempo, de lugar y de acción–, Benjamin vivirá con plena conciencia una imposible adhesión a una ideología anhelada, un imposible amor y el trágico regreso a una realidad no muy alentadora, por no decir dramática.
https://www.jotdown.es/2018/01/diario-de-moscu-1917-2017/
El segundo se publicó en enero de 1928 pero estaba acabado en septiembre de 1926. La idea ya se le había ocurrido en 1924. Se inspira en la calle principal de Vicenza: el Corso Palladio.
https://www.google.es/maps/place/Corso+Andrea+Palladio,+36100+Vicenza+VI,+Italy/@45.5476996,11.5428945,17z/data=!3m1!4b1!4m5!3m4!1s0x477f33d62606d005:0x9b0af8565160c5d5!8m2!3d45.5476996!4d11.5450832?hl=en
A su vez el título del libro da cuenta de una señal de tráfico: dirección única
Escribe Benjamin: es una calle "que abre una perspectiva de profundidad tan repentina (y no lo digo en sentido metafórico) como el Corso Palladio de Vicenza".
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