Intervención en el IV Coloquio de Biopolítica. Valparaíso- Santiago (Chile).
Agosto de 2010.
CARTOGRAFÍAS VISUALES DE LA BIOPOLÍTICA.
Víctor Silva Echeto
Universidad de Playa Ancha.
“Foucault siempre ha sabido pintar maravillosos cuadros como fondo de su análisis”
Gilles Deleuze.
1. Introducción.
En Ojos abatidos. La denigración de la visión en el pensamiento francés del siglo XX, Martin Jay, fiel al estilo que lo caracteriza que mezcla el ensayismo con el manual, realiza un recorrido, como su título lo indica, por el pensamiento francés del siglo XX, aunque no se limita a él, y, también, como su título lo esconde, recorre no solamente el pensamiento francés sino occidental, por lo menos, desde Platón hasta el giro postmetafísico (entre los que se encuentran Foucault, Derrida, Debord, Barthes, Metz, Levinas y Lyotard), no incorporando, o, por lo menos, citándolos brevemente a pensadores que tuvieron una estrecha y, porque no, como la mayor parte de la filosofía, ambigua relación con la imagen como Gilles Deleuze, Félix Guattari, Jacques Rancière y/o el llamado postalthuserianismo. En ese contexto, hay que recordar que Gilles Deleuze y Félix Guattari (2000), se refieren en diversas mesetas de las Mil que diseñan, a la noología así como al paralelismo entre el pensamiento del/con Estado y la imagen pensamiento, mientras que Deleuze individualmente tiene sus Estudios sobre el cine: La imagen- movimiento y La imagen- tiempo, además de haber dedicado algún curso en Vincennes a la pintura en 1981. No obstante, pese a la interesante y también, porque no, contradictoria relación que tiene Deleuze con la imagen visual, sólo Jay hace referencia en el ensayo a su estudios sobre Foucault, en el capítulo referido a éste, o lo menciona lateralmente, pero no le dedica una parte del estudio al filósofo francés.
En el texto de Jay, además, pese a su subtítulo, no queda tan clara tal denigración sino, más bien, una relación ambigua y ambivalente del pensamiento occidental con la imagen visual y con las miradas. Es así que en la tesis que se formula en las primeras páginas se matiza el subtítulo. Indica Jay (2007: 20): “gran parte del reciente pensamiento francés, en una amplia variedad de campos, está, de una manera u otra, imbuido por una profunda sospecha ante la visión y ante su papel hegemónico en la era moderna”.
En resumen, es con los llamados regimenes escópicos (Jay, 2007) que esa extraña relación entre pensamiento e imagen, entre pensamiento y visión, y, entre pensamiento y mirada en occidente pasa a formar parte del trayecto iconoclasta, iconofóbico pero, también, y, paradójicamente, con el ocularcentrismo .
En esta intervención, pretendo ingresar al debate entre Foucault y Jay, fundamentalmente, a partir de la lectura que realiza este último sobre el primero, convirtiendo a Deleuze en el tercero en discordia que realiza una lectura pictórica, visual, y, porque no, audiovisual, sobre la obra de Foucault. Son las palabras de Deleuze (1986: 78): “Cuando se olvida la teoría de las visibilidades se mutila la concepción que Foucault tiene de la historia, pero también se mutila su pensamiento, su concepción del pensamiento”. Así, “se lo convierte en una variante de la filosofía analítica actual, con la que no tiene casi nada en común (salvo quizá con Wittgenstein, si de él extraemos una relación original entre lo visible y lo enunciable)”. Michel Foucault “siempre se sintió tan fascinado por lo que veía como por lo que oía o leía, y la arqueología tal y como él la concebía es un archivo audiovisual (empezando por la historia de las ciencias). Si a Foucault le gusta enunciar y descubrir los enunciados de los demás, es porque también tiene una pasión por ver”: lo característico de Foucault “es la voz, pero también los ojos. Los ojos, la voz. Foucault siempre ha sido un vidente, a la vez que introducía en la filosofía un nuevo estilo de enunciados, de acuerdo con un doble movimiento, con un doble ritmo” (Deleuze, 1986: 78).
Además, integraré un concepto, también extrañamente no incorporado por Jay, como es el de biopoder y el de biopolítica. Noción que tensiona la supuesta perspectiva analítica de Foucault. Es que para Jay, Foucault transita de la arqueología a la genealogía y desde ésta a la analítica, no obstante, no añade esa etapa tan fructífera del pensador francés que se inicia con las conferencias en 1974 en Río de Janeiro y continúa con los tres cursos que le dedica en el Collège de France: Defender la sociedad (1975- 1976), Seguridad, territorio y población (1976- 1977) y Nacimiento de la biopolítica (1978- 1979). Finalmente, y en forma breve, reflexionaré sobre los ilegalismos de las leyes en el Chile actual, desde la paralegalidad de la mirada.
“La vida de las imágenes”, como le llamo Aby Warburg , es el sustento que encarna “el cuerpo de las miradas”, en una era donde la “batalla de las miradas” es, también, la desterritorialización panóptica del mirar.
2. Antecedentes en la obra de Foucault.
Se ha discutido mucho desde cuando Foucault encarna el análisis de lo que llamará, desde 1974 en las conocidas conferencias de Río de Janeiro, biopolítica. Para algunos (Castro, 2010: 23) no es posible considerar que en la primera etapa de Foucault ya se encuentra el “marco del juego entre dispositivos juridiccionales y dispositivos veridiccionales” , por lo menos en obras como Las palabras y las cosas o La arqueología del saber, ya que en la primera “la descripción de las formación de las ciencias humanas, en términos de episteme, permanece limitada al orden de las prácticas discursivas”. No obstante, no es menos cierto que en Las palabras y las cosas la imagen visual, desde la enciclopedia china pasando por el pensamiento de la semejanza y la similitud hasta llegar a la imagen del hombre borrándose “en los límites del mar” como “un rostro” se disipa “en la arena” (Foucault, 1986: 375), recorre transversalmente el texto. Mientras que en La arqueología del saber hay sendos capítulos referidos a dos tipos de formaciones prácticas: las llamadas discursivas y las no discursivas.
Gilles Deleuze (1986: 88), posteriormente, se acercará, aún más, a un concepto visual, no definiéndolas por negación sino conjugando las formaciones prácticas enunciables (discursivas) con las formaciones prácticas visibles (no discursivas). Y, aclara para salir de la duda que ya desde El nacimiento de la clínica se encuentran en las estrategias y tácticas de Foucault, la idea de formaciones prácticas visibles. Hay que aclarar, además, que el subtitulo de El nacimiento de la clínica es Una arqueología de la mirada médica. El escrito se inicia con la siguiente frase: “trata del espacio, del lenguaje y de la muerte; trata de la mirada” (Foucault, 2007: VI).
En palabras de Deleuze: “Ahora vemos más claro que Foucault no ha cesado de estudiar esas dos formas en los libros precedentes: en El nacimiento de la clínica hablaba de lo visible y lo enunciable; en La historia de la locura, de la locura tal y como la vemos en el hospital general”, y, “del desvarío tal y como se enuncia en medicina (y en el siglo XVII no se cura en el hospital)”. Es decir, “lo que La arqueología reconocía, pero todavía sólo designaba negativamente como medios no- discursivos, encuentra en Vigilar y castigar su forma positiva que es toda una constante en la obra de Foucault: la forma de lo visible, en su diferencia con la forma de lo enunciable”. A modo de ejemplo: “a principios del siglo XIX, las masas y poblaciones devienen visibles, salen a la luz, al mismo tiempo que los enunciados médicos conquistan nuevos enunciables (lesiones de los tejidos y correlaciones anatomofisiológicas…)” (Deleuze,1986: 58- 59).
Es decir, ya a principios de la década del ’60, el pensador es conciente de que las prácticas discursivas –en tanto dispositivos de poder- solo son posibles de analizar junto a las prácticas de visibilidad e invisibilidad, entre las que se encuentran las corporales. “No es exagerado decir que todo dispositivo es un caldo que mezcla visibles y enunciables” (Deleuze, 1986: 65). Es, por ello, que el mismo Foucault aloja a la representación y a la ideología –como representación de la representación- al interior de la época clásica, posición criticada por algunos de los teóricos actuales del postmarxismo y del postpsicoanálisis (Žižek, 2003).
En este contexto, en Las palabras y las cosas, vida, lenguaje y trabajo forman parte de uno de los tantos triedros que diseña Foucault. Y, en El nacimiento de la clínica, adelanta el pasaje del “hacer morir y dejar vivir” al “hacer vivir y dejar morir” que será uno de los sustentos de la biopolítica, con la importancia de la penetración visual en el cuerpo. “La medicina del siglo XIX estaba obsesionada por ese ojo absoluto que convierte a la vida en un cadáver y redescubre en el cadáver la nervadura frágil y arruinada de la vida” (Foucault, 2007: 166).
También estos aspectos pondría en problemas una perspectiva teórica que descartara el giro visual en la obra de Foucault, al considerar que es un pensador que pasa desde las prácticas discursivas a las de poder, sin ingresar al campo de lo visual, como lo deja implícito en algunos momentos Jay. No obstante, la ambivalencia entre prácticas discursivas y prácticas visuales en Foucault, se encuentra con su tránsito desde la fenomenología (en una primera etapa) hacia posturas críticas con esta corriente, encarnadas en la arqueología. “Existe una arqueología del presente. Presente o pasado, lo visible es como lo enunciable: son el objeto, no de una fenomenología, sino de una epistemología” (Deleuze, 1986. 78).
Por tanto, lo que es menos discutido es el cruce transversal que tiene lo visual, sus ambigüedades y ambivalencias, en la obra del pensador francés, desde la Historia de la locura hasta la Historia de la sexualidad, con puntos destacados como su temprana introducción a la obra de Binswanger pasando por Las palabras y las cosas hasta llegar a textos donde se encarna lo visual como Vigilar y castigar o sus intercambios con Magritte que dan paso al libro publicado sobre el pintor belga.
Es, por ello, que Martin Jay recuerda que “en 1957, Canguilhem impartió un curso en la Sorbona sobre el papel de la visión como modelo de cognición occidental. Aunque en aquella época Foucault ejercía como docente en Uppsala, Suecia, es probable que enseguida se pusiera al corriente de los contenidos de aquel curso” (Jay, 2007: 295). Fue en ese momento que comenzó a elaborar el tan discutido estudio sobre la historia de la locura en la época clásica, que, tras un primer intento frustrado en la Universidad de Uppsala, se lo llevó a Hyppolite quien, al considerarlo que no podía aceptarse como una disertación en Filosofía, lo envío a Foucault a hablar con Canguilhem quien lo patrocinó para su doctorat d´état en 1961, como una introducción a la historia de las ciencias. En esa obra “mostraba hasta qué punto Foucault se percataba del papel de la visión, o, para ser más precisos, de los regímenes visuales específicos en las categorías culturales. Y demostraba con la misma fuerza su resistencia a las demandas totalitarias de una Ilustración que había elevado su noción ocularcéntrica de la Razón al estatuto de verdad universal” (Jay, 2007: 296).
3. A propósito de una enciclopedia china.
En Las palabras y las cosas la relación entre prácticas discursivas y prácticas visuales adquiere toda su tensión. Allí se despliegan un conjunto de imágenes y de miradas que, desde la enciclopedia china que inspira la obra, se muestran y ocultan como los reyes que aparecen en el espejo de las Meninas . Y son a esos reyes a los que, junto a Velásquez, desnuda el pensador francés.
Las taxonomías parecen incentivar a Foucault e inspirar obras como Raymond Roussell, con un índice integrado por I. El umbral y la clave; II. Las bandas del billar; III. Rima y Razón; IV. Aspas, mina, cristal; V. La metamorfosis y el laberinto; VI. La superficie de las cosas; VII. La lente vacía; VIII. El sol encerrado. Así las cosas, en el pliegue entre palabra y cosa, a la enciclopedia china la suceden (o, mejor dicho, le preceden en época) otras taxonomías de destacado poder visual, es decir, de fuerte impronta monstruosa si tomamos a este término como derivado de mostrar y de mirar: “Ya no estoy en ayuno –dice Eustenes-. Por ello se encontrarán con toda seguridad hoy en mi saliva: Áspides, Amfisbenas, Anerudutes, Abedesimones, Alartraces, Amobates, Aspinaos, Alatrabanes, Aractes, Asteriones, Alcarates, Arges, Arañas, Ascalabates, Atelabes, Ascalabotes, Aemorroides”.
La diferencia, para Foucault, entre estas taxonomías y la enciclopedia china, es que “la monstruosidad que Borges hace circular por su enumeración consiste, por el contrario, en que el espacio común del encuentro se halla él mismo en ruinas. Lo imposible no es la vecindad de las cosas, es el sitio mismo en que podrían ser vecinas” (Foucault, 1986). A ese no lugar, espacio en ruinas o espacio impensable, Foucault le llamará heterotopías. Éstas “inquietan, sin duda porque minan secretamente el lenguaje, porque impiden nombrar esto y aquello, porque rompen los nombres comunes o los enmarañan, porque arruinan de antemano la ‘sintaxis’ y no sólo la que construye las frases –aquella menos evidente que hace ‘mantenerse juntas’ (unas al otro lado o frente de otras) a las palabras y a las cosas” (Foucault, 1986: 3).
No obstante, ante este desafío para la gramática que le imponen las heterotopías o ese detenimiento de la palabra, se acerca la imagen visual desde una tierra mítica que la enaltece: “a esta distorsión en la clasificación que nos impide pensarla, a esta tabla sin espacio coherente, Borges les da una patria mítica una región precisa cuyo solo nombre constituye para el Occidente una gran reserva de utopías”. Es un “espacio solemne, sobrecargado de figuras complejas, de caminos embrollados, de sitios extraños, de pasajes secretos y de comunicaciones imprevistas; existiría así, en el otro extremo de la tierra que habitamos, una cultura dedicada por entero al ordenamiento de la extensión, pero que no distribuiría la proliferación de seres en ningún espacio en el que nos es posible nombrar, hablar, pensar”.
La crítica que le realiza Magritte a Foucault de confundir similitudes con semejanzas en Las palabras y las cosas, lo llevará a este último a realizar un estudio sobre el pintor belga, donde la batalla hermenéutica entre imagen visual y enunciado, planteará, también, la violencia interpretativa entre imagen y letra o, en términos más cercanos a ambos, entre similitud y semejanza, entre lo visible y lo enunciable. Foucault compara la obra de Magritte con los caligramas, la poesía visual y, sumaría, para acercarnos aún más a América Latina, el concretismo, es decir, imagen y letra simulan, por un lado, representan, por otro, e ingresa, nuevamente, en crisis el espacio de los signos. Las biopolíticas visuales, en el trayecto foucaultiano, aparecerán con más claridad en las conferencias de Río y en Vigilar y castigar.
4. Diagrama y cartografía.
Desde las conferencias de Río, la célebre ecuación foucaultiana de vigilar y castigar, como mirada que al vigilar castiga, o como enunciado que se enrolla en lo visible, se hace presente, introduciéndose la biopolítica de la mirada. A diferencia de Guy Debord que concibe la sociedad de las imágenes como sociedad del espectáculo, para Foucault el espectáculo se reserva en el teatro de la tortura, del castigo sin más en la antigüedad, mientras que la vigilancia atañe a ojos que todo lo ven (pan-óptico) aunque, también, se les reserva la contracara del ocultamiento sobre aquellas zonas donde no llegan las miradas. “Aquí, el análisis se hace cada vez más microfísico, y los cuadros cada vez más físicos, expresando los ‘efectos’ del análisis, no en el sentido causal, sino en el sentido óptico, luminoso, de color: del rojo sobre rojo de los suplicios al gris sobre gris de la prisión” (Deleuze, 1986: 50). El “análisis y el cuadro van a la par; microfísica del poder y proyección política del cuerpo. Cuadros coloreados sobre un mapa milimétrico”.
La microfísica del poder es local en dos sentidos: como oposición a lo global pero, también como oposición a lo local como localizable. Así las cosas, la microfísica del poder se pliega en el biopoder: “‘El’ poder tiene como características la inmanencia de su cuerpo, sin unificación trascendente, la continuidad de su línea, sin una centralidad global, la contigüidad de sus segmentos, sin totalización diferente: espacio serial” (Deleuze, 1986: 53).
Gilles Deleuze que, cinco años antes de la escritura del homenaje a Foucault, dictó un curso sobre Pintura, y, en esa oportunidad, utilizó el concepto peirciano de diagrama, vuelve a él encontrándolo en obras precedentes de Foucault. Es a esa dimensión informal del panóptico, es decir, no completada, no organizada ni formalizada a lo que llama diagrama. “El diagrama ya no es el archivo, auditivo o visual; es el mapa, la cartografía, coextensiva a todo el campo social”. En definitiva, “es una máquina abstracta. Se define por funciones y materias informales, ignora cualquier distinción de forma entre un contenido y una expresión, entre una formación discursiva y una formación no discursiva. Una máquina casi muda y ciega, aunque haga ver y haga hablar” (Deleuze, 1986: 61).
Toda sociedad- cultura tiene su/ sus diagramas. Éstos se conforman a partir de grupos locales, micropolíticos, comunidades que tensionan las estructuras. “El diagrama pone aquí de manifiesto su diferencia con la estructura, en la medida en que las alianzas tejen una red flexible y transversal, perpendicular a la estructura vertical”, constituyen prácticas, métodos y estrategias, “distintos de cualquier combinatoria, y forman un sistema físico inestable, en continuo desequilibrio” (Deleuze, 1986: 62). En su curso sobre la pintura, Deleuze caracteriza al diagrama peirciano como la relación entre el caos y el germen, en el caso del diagrama foucaultiano es el desequilibrio el que lo conforma.
5. Excepción e ilegalidad de lo legal.
En todo este recorrido he intentado poner en tensión las relaciones entre lo visible y lo enunciable en Foucault, tensionándolas, además, desde la posición en discordia entre Foucault y Jay que asume Deleuze. Además, incorporando la biopolítica como una de las claves fundamentales para articular lo enunciable y lo visible, desde el comienzo de la obra foucaultiana pero, aún más, desde las conferencias en Río.
En un país como Chile, a semanas del bicentenario, donde las excepciones se transforman cotidianamente en prácticas que tensionan lo legal de lo ilegal o, mejor dicho, en la ilegalidad que sustenta lo legal, este debate teórico- conceptual y práctica adquiere toda su densidad.
La reciente detención de “anarquistas” y muchos ex (miristas, lautaristas, frentistas, y un largo etcétera de ex según la prensa) en el llamado caso “bombas”; la detención del paquistaní…; la persecución política de personas vinculas al movimiento mapuche; los 33 mineros “sepultados” bajo tierra en Copiapó, a los que se podrían sumar múltiples casos de persecuciones políticas, tensionan las prácticas biopolíticas en nuevas excepciones que sustentan la regla.
Así las cosas, en Foucault, por lo menos desde Vigilar y castigar, el ejercicio “consiste en sustituir” la “oposición demasiado simple ley- ilegalidad por una correlación más sutil ilegalismos- leyes. La ley siempre es una composición de ilegalismos que ella diferencia al formalizarlos”. En Chile desde la situación patrimonial del presidente de la República hasta la compra- venta de canales de televisión hoy en día, hay múltiples ejemplos de lo indicado. En estos casos, las leyes no se oponen globalmente a la ilegalidad, sino que unas organizan explícitamente la manera de eludir las otras. En términos de Deleuze: “la ley es una gestión de los ilegalismos”. Y éstos, paralelamente, cada vez más, se asumen desde la paralegalidad de la mirada.
Referencias bibliográficas.
Castro, Edgardo (2010): “¿Qué es política para la biopolítica?” Santiago (Chile), ARCIS.
Deleuze, Gilles (1986): Foucault. Barcelona, Paidós.
(2007): Pintura. El concepto de diagrama. Buenos Aires, Cactus.
Foucault, Michel (1986): Las palabras y las cosas. Una arqueología de las ciencias humanas. México (DF), siglo XXI.
(1992): Raymond Roussel. México (DF), siglo XXI.
(2006): Seguridad, territorio, población. México (DF), Fondo de cultura económica.
(2007): El nacimiento de la clínica. Una arqueología de la mirada médica. Madrid, siglo XXI.
Jay, Martin (2007): Ojos abatidos. La denigración del pensamiento francés del siglo XX. Madrid, Akal.
Žižek, Slavoj (2003): “El espectro de la ideología” en Ideología. Un mapa de la cuestión. Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica.
Blog de Víctor Silva Echeto. máquina de escritura que, en su exceso, fagocita significantes.
martes, 24 de agosto de 2010
sábado, 21 de agosto de 2010
sábado, 1 de mayo de 2010
Eduardo Mateo: la máquina del tiempo “fuera” del tiempo.
Mateo construyó una máquina del tiempo fuera del tiempo. Fuera por discontinuar un tiempo histórico que no se comprendía a sí mismo, pero, además, fuera por el afuera que subvierte el tiempo y el espacio como una construcción homogénea, lineal y mecánica. Su máquina es una máquina de guerra… Una máquina que deconstruye y transgrede la fenomenología y la hermenéutica. Es la máquina del acontecimiento… Mateo es la máquina del tiempo… O, mejor dicho, es la máquina que deconstruye tiempos… Es el devenir heterotópico, tiempos en los tiempos… Espacios otros… Deconstruidos por los acontecimientos que no construyen, sino que desarman polaridades. La construcción se deconstruye en el acontecimiento inenarrable. Es la memoria del tiempo.
jueves, 15 de abril de 2010
Valparaíso: una ciudad post-it-city
Valparaíso y las ciudades post- it- city.
Valparaíso and the city post-it-city.
Víctor SILVA ECHETO.
Universidad de Playa Ancha.
A Luana y a sus imaginarias ciudades que le queda por vivir.
El cruzar fronteras y la conmoción que esto me producía, me facilitaba la comprensión inmediata de la esencia de la nación a la que llegaba. Entraba menos dentro de un país que dentro de una imagen.
Jean Genet: Diario de un ladrón.
1. Introducción.
La exposición itinerante “ciudades post-it-city”, léase post (prefijo recurrente en esta época postmoderna, postestructuralista, postmarxita y postmetafísica), pero, también, post- it (esas pequeñas hojas de papel autoadhesivo que señalan lugares y recuerdan cosas), implica una forma nómada, itinerante, desterritorializada, de visualizar, en épocas visuales, las postciudades. Barcelona, São Paulo, Santiago, París, Bombay, Montevideo y Buenos Aires, entre otras, se desprenden de las maquetas y encuentran en diversas formas de habitabilidad un nuevo espacio heterotópico de (des)encuentro.
La exposición itinerante post- it- city, ciudades ocasionales, que estuvo en Santiago (Chile) entre el 11 de junio y el 9 de agosto, exploraba las oc(k)upaciones (con c y con k) temporales del espacio que, pese a los anuncios de la convocatoria, se resisten a ser llamados públicos . Son espacios caracterizados por la heterotopía, la paralegalidad, la extensión de lo visual como registro efímero de formas y superficies sin profundidad. Son los espacios intersticiales y la liminalidad que pone en entredicho la lógica del límite y de la frontera territorial. En Santiago (Chile) se expusieron registros de casos de ciudades de cuatro continentes. Entre otras, figuraban, Tel Aviv, Buenos Aires, Montevideo, Hanoi, Santiago (Chile), Bolonia, São Paulo y Barcelona.
La exposición se presentó por primera vez en Barcelona. Ésta es una de las urbes que tenía mayor presencia en la muestra. En Santiago (Chile) tuvo una curatoría especial, a cargo de Pablo Brugnoni, donde se incorporaron algunos casos que no habían estado en las muestras anteriores, dando una idea, también, de lo itinerante de la exposición. Luego de Santiago (Chile), se trasladó a São Paulo y a Buenos Aires, donde se agregaron otras postciudades ocasionales, desterritorializadas, diferenciales y diferenciadas. Es decir, las que se encontraban no eran ciudades homogéneas, idénticas a sí mismas ni relacionales, como supuestamente se caracterizaba a los no lugares sobremodernos (Augé, 1993), sino que las post-it- city son heterogéneas, micro- relacionales, diferentes y dispersas.
2. Ciudades post- it- city.
La noción de post-it- city la acuña Giovanni La Varra en 2001 y designa “un dispositivo de funcionamiento de la ciudad contemporánea que concierne a las dinámicas de la vida colectiva fuera de los canales convencionales”. La búsqueda de este tipo de ocupaciones parte, en primer lugar, de las emergencias que, en crisis o vaciamiento del espacio público como lugar de representación y referencialidad, transforman los márgenes diferenciales en un poderoso sitio de transitoriedad. Y, en segundo lugar, siguiendo a los bricoleur se optimizan los espacios más allá de sus funcionalidades concretas. Así las cosas, no es una ocupación funcionalista, armónica, sistémica del espacio, sino des- armónica, anti- sistémica y no funcional. Árboles en París donde los migrantes afganos dejan sus “casas” de bolsas negras de “residuos” andantes, helicópteros “clandestinos” cruzando el cielo de São Paulo , paramilitares combatiendo el delito en la misma megalópolis, autobuses (diablo rojos) “clandestinos” pintados con los rostros de los actores y las actrices de cine y de cantantes pop en Panamá. Profesiones post-it- city como el tapa hoyos en Valparaíso; los/las que adaptan los coches y los transforman en autos blindados en São Paulo, para que sus conductores tengan la sensación de mayor seguridad ; grafiteros; seguridades paralegales, entre otras van, desordenadamente mostrando las postales de esas ciudades desterritorializadas por el cielo (helicópteros) y por el subsuelo (metros, subtes). No lugares para el sexo, como las calles, los árboles, los parques, las plazas y los coches… Nada se interrumpe en las post-it- city. Son prácticas, emergencias, límites entre la fuga de la huída nómada y la sensación sedentaria de habitar un determinado lugar. Aparecen, se desplazan, desaparecen…
3- En las post-it- city: el control.
Más que control social, quizás lo que caracteriza a las post-it-city es la idea de sociedades de control, acuñada por Gilles Deleuze (1996) a partir de William Burroughs. Las sociedades de control caracterizadas por la contraseña, la seguridad, la aceleración, la flexibilidad y la intangibilidad, subvierten los poderes panópticos. Es decir, éstos se conformaban desde la economía del cuerpo, a través de la idea de que cada cuerpo ocupaba un determinado lugar, temporalizando el espacio, y un estipulado tiempo, espacializando el tiempo (Foucault, 1995). Para que los encierros fueran disciplinando los cuerpos, el proceso debía de funcionar por analogía. El biopoder, en las sociedades disciplinarias, se plegaba en la biopolítica.
Sin embargo, en las ciudades post-it, la ecuación crisis, miedos y control, ubica las emergencias de la vida en otra instancia biopolítica. Esta se caracteriza por convertir a la excepción en la regla y a la crisis en normalidad, asumiéndose esa anormalidad- normalizada desde los discursos y las máquinas de visión. Pena de muerte, seguridad, cámaras de vigilancia, judicialización mediática, criminalización de la otredad, collares electrónicos, chips como prótesis, paralegalidad, realitys como estética de transformación de lo verosímil en realidad, tele- pastores, religiones postmediáticas, son algunas de las formas que adquiere lo biopolítico en las sociedades de control. El panóptico disciplinario se transforma en el panóptico lumínico del control. La intangibilidad, lo inmaterial, la información, la comunicación, el marketing y la publicidad, son estéticas del control, que se guían por la ideología del capitalismo tardío en su tercera etapa o capitalismo cognitivo (general intelecto).
Raymond Williams (1975: 92) considera que la televisión produce un “flujo total”. Este concepto permite diversos análisis sobre la postmodernidad y el surrealismo sin inconsciente en teóricos como Fredric Jameson (1996: 97- 145), y admite un acercamiento a estos fenómenos visuales, desde la iconofagia (Baitello, 2008), que implica la devoración de visualidades pero, paralelamente, también, la posibilidad de ser devorados por ellas. En el caso de la ciudad antropófaga, ésta se devora a los ciudadanos y los devuelve de sus fauces en un “flujo” nómada y desterritorializado.
“Parece posible que, en una situación de flujo total donde los contenidos de la pantalla manan sin cesar ante nosotros (o en una situación donde las interrupciones –o sea, la publicidad- no son tanto intermisiones como oportunidades fugaces de ir al servicio o comerse un bocadillo), lo que solía llamarse ‘distancia crítica’ se haya quedado obsoleta” (Jameson, 1996: 101). La teoría del video o los estudios visuales, dan cuenta de ese flujo de visualidades sin referencias que ya no permiten apagar la televisión, para mantener esa distancia crítica como en el teatro (cuando termina la obra) o en el cine (cuando finaliza la película), sino que el flujo permanece en la medida en que las propias ciudades se convierten en una pantalla pan-óptica que todo lo ve y, paralelamente, lo expulsa en la superficie de la propia pantalla.
En Santiago (Chile) el caso del paseo Ahumada es estudiado por las dos situaciones señaladas: por un lado, la instalación de las cámaras de seguridad para combatir el delito y otorgar la sensación de mayor seguridad (pan-óptico) y, paralelamente, la instalación de una pantalla de amplías dimensiones en el centro del paseo (sensación simulada de visualización de lo registrado en las cámaras). La inexistencia del otro conduce a la construcción (y deconstrucción) de un otro visual detrás del espejo deformante de la ciudad.
Ulf Hannerz cita como característica actual, la inexistencia del otro como algo distante, señala que “no hay ‘Hombre primitivo’”, sino una mezcla y “un continuum de compromisos directos y negociados” (1998: 27-28).
En las ciudades post-it, se incrementa la movilidad, porque cada vez más aumenta el número de personas que viajan, con la ayuda del tránsito masivo, los automóviles o los aviones. Poblaciones extranjeras se encuentran en las ciudades de los seis continentes, mezclándose casi siempre en modas parciales y específicas. Lo exótico está incómodamente cerca. “Recíprocamente, no parecen quedar lugares distintos en el planeta dónde no se pueda sentir la presencia de los productos, los medios y el poder ‘modernos’”. La vieja “topografía y las experiencias de viaje” han estallado. “Ya no nos alejamos de casa seguros de encontrar algo radicalmente nuevo, otro tiempo u otro espacio” (Clifford, 1995: 29).
De esa forma cambian las concepciones espaciales, territoriales y limítrofes, porque los medios audiovisuales, el correo electrónico y las nuevas redes de comunicación redefinen las posiciones espacio-temporales en el mundo. Si ya las dividualidades (más que las individualidades) se pueden comunicar por teléfono o mediante correo electrónico con un amigo desde Valparaíso a Fez; si ellas pueden ser testigos de acontecimientos políticos o bélicos que ocurren en cualquier lugar del mundo sin moverse de la casa; si una base de datos situada en un lugar remoto tiene registrado su currículum y puede informar a las agencias gubernamentales que toman decisiones que afectan a su vida sin que pueda tener cabal conocimiento de ello; si puede hacer compras desde el domicilio utilizando la televisión y el computador (ordenador); entonces, ¿dónde está el sujeto y quién es? Es decir, desde observatorios lejanos se define la ubicación de la subjetividad (o subjetivaciones) en el mundo. Son como esos mapas que en las grandes ciudades ubican, desde la virtualidad, a la persona: usted está aquí y se le indica con una flecha el paradójico no lugar del mapa donde se encuentra (¿se encuentra?). El “espinoso” sujeto (Žižek, 2001) siempre de huídas, ahora se esconde detrás de los mapas de las ciudades.
En el caso de las relaciones intersticiales y de los espacios liminales, éstos no se generan ni en la identidad ni en la alteridad, sino que abren “lugares y objetivos híbridos de lucha” y destruyen las polaridades (Bhabha, 2002).
4. Miradas desde los intersticios de Valparaíso.
La muestra post-it- city permite encontrarse con Valparaíso y la presencia de sus cerros, trabajos temporales y paralegales, los perros, los juegos de los niños contra-corriente, es decir, con la deformante geografía de una ciudad post-it, donde nada permanece y todo fluye como en las vistas televisivas actuales. La insistencia por la discusión patrimonial y todos los intereses que ella mueve, no permiten –en el análisis teórico- profundizar las características de una ciudad- puerto que nunca fue fundada, que (no) tiene un nombre específico (característico de las ciudades post-it), que en sus laberínticos rincones se pierden los tiempos de la historia y emerge cronos devorándose a sus hijos. Mientras que la idea de patrimonio implica pensar un tiempo paralizado, paradójicamente, en la petrificada soledad del edificio abandonado, entre los laberintos de los cerros, la ciudad se le escapa a la fija línea del tiempo que concibe lo patrimonial como tiempo moderno fijo y unidireccional. Esos edificios abandonados, además, sirven de refugio temporal para mendigos, alcohólicos, prostitutas, travestis, perros, los personajes más reconocibles cuando cae el día en la post-it-city porteña.
El debate, paralelamente, se traslada sobre las transformaciones y mutaciones que se están produciendo en la ciudad- puerto: instalación de un centro comercial en la zona costera y crecimiento exponencial de edificios que se desprenden de los cerros…
Valparaíso, es a ese respecto, el rizoma (Deleuze y Guattari, 2000) que conecta puntos, es, además, ajerarquizante, mientras que su armonía y control sistémico es tan precario como los autoadhesivos que se pegan (post-it) fugazmente en las superficies. La figura del ciudadano se difumina, emergiendo subterráneamente en el rizoma de la ciudad- puerto, los agenciamientos de la prostitución, la mendicidad, la delincuencia pobre y precaria, los residuos asesinos de las drogas –como en el caso de la pasta base-. De esa forma, los imaginarios que construían identidades estáticas y sustanciales, se ven con el conflicto de que no existen posibilidades únicas de identificarse ni con un barrio, un cerro o una ciudad. La identificación es múltiple.
Así, los planos no contienen a Valparaíso, sino que sólo las líneas de fuga y los diagramas pueden trazar líneas en ese rizoma nómada que siempre se escapa. Como expresan Gilles Deleuze y Félix Guattari, es preciso hacer mapas y no calcos, porque el primero es abierto, conectable en todas sus dimensiones, desmontable, alterable, susceptible de recibir constantemente modificaciones. “Puede ser roto, alterado, adaptarse a distintos montajes, iniciado por un individuo, un grupo, una formación social. Puede dibujarse en una pared, concebirse como una obra de arte, construirse como una acción política o una meditación. Una de las características más importantes del rizoma quizá sea la de tener múltiples entradas…” (2000: 28).
Las ciudades se construyen en la inmaterialidad de la virtualidad y cada día es más difícil ubicar poblaciones autóctonas, porque se conforman nuevos procesos de subjetivación en la multilocalización rizomática (Silva y Browne, 2004).
Los estudios sobre migraciones, transculturación y otras experiencias interculturales están llenos de relatos de desgarramientos y conflictos, fronteras que se renuevan y anhelos de restaurar unidades nacionales, étnicas o familiares perdidas, es decir, están cargados de intensidades y memorias. Se construyen como los pliegues que al desplegarse nos sorprenden con nuevos mapas donde no aparece con claridad la ubicación. Emerge la lógica visual del GPS donde la ciudad des-ubica y des-orienta, y la pantalla, desde la virtualidad, orienta en el precario equilibrio de lo visual.
Valparaíso se desterritorializa y vuelve a territorializarse sin posibilidades que esos movimientos que presenta la ciudad- puerto, se estabilicen. Se desterritorializa en los barrios universitarios (Playa Ancha, avenida Francia, Placeres), los cerros y las avenidas de tránsito rápido. También, en la ciudad- puerto o post-it- city, se observan otros dos movimientos complementarios como son los de pliegue y despliegue. La diferencia del pliegue y del despliegue, con referencia a la territorialización y a la desterritorialización, es semiótica, ya que el pliegue y el despliegue son movimientos cartográficos o simulacros del territorio y de la desterritorialización. Los movimientos de pliegue y despliegue son construcciones, hojaldres que no tienen origen, comienzo, partida o llegada.
Las características del pliegue son: la curvatura, el redondeado de los ángulos y la evitación de lo rectilíneo. Es decir, es una materia que desborda el espacio.
Gilles Deleuze, considera que “al dividirse sin cesar las partes de la materia, forman pequeños torbellinos en un torbellino, y en éstos otros todavía más pequeños, y otros todavía en los intervalos cóncavos de los torbellinos que tocan” (Deleuze, 1994). Por lo tanto, siempre hay un pliegue en el pliegue. “El despliegue no es pues lo contrario del pliegue sino que sigue el pliegue hasta otro pliegue” (Deleuze, 1994: 14)
Tenemos, entonces, dos movimientos: el de desplegar, que implica aumentar, crecer, y el de plegar que consiste en disminuir, reducir, entrar en la profundidad del mundo. El pliegue, es la cartografía, el mapa que se dibuja y vuelve a desterritorializar el territorio. Ciudades como Valparaíso no pueden ser representadas, sino, simplemente, mapeadas con trazos irregulares.
Los mapas y los diagramas, son conjuntos “de líneas diversas que funcionan al mismo tiempo”, es decir, las líneas de Valparaíso dibujan mapas. “Hay, en efecto, líneas de muy diversos tipos, en el arte y también en la sociedad o en una persona” (...) Por ello, cada línea “tiene su geografía, su cartografía, su diagrama” (Deleuze, 1996: 55). Lo interesante de las líneas de Valparaíso es su composición irregular, inestable, asistémica, no armónica e inorgánica.
Otra característica de Valparaíso, es su geografía transversal. Es decir, se proyecta en todas las direcciones y en todos los sentidos posibles, sin orden, jerarquía ni continuidad.
Además, la ciudad- puerto desde su (no) fundación se forma con recursos materiales y simbólicos de origen local, nacional y trasnacional. Lo que se incrementa, en este tiempo, es la radicalidad de los procesos de glocalización.
La glocalización es una noción tomada del término inglés glocalisation, que designa el hecho de que en lo sucesivo lo global es inseparable de lo local (Silva y Browne, 2004). Desde este concepto –aunque haya sido adquirido por campos tan contradictorios como el arte, la economía, la política y la industria bélica- se puede discutir, aún más en experiencias post-it- city como las de Valparaíso, las tendencias globalizadoras que no habilitan más que una mirada uniforme y homogénea sobre la economía, la sociedad y el arte.
Es, como lo demuestra la exposición post-it-city que sigue recorriendo el mundo, en el arte donde están surgiendo propuestas glocalizadoras distintas, radicales y alternativas a los modelos unidireccionales. Es en algunas tendencias artísticas donde están surgiendo rebeliones glocalizadoras, con propuestas rizomáticas, dispersas y heterogéneas. Como escribe Néstor García Canclini: “son los artistas, críticos, galerías o museógrafos que combinan lo local con lo global, los glocales, que integran rasgos de diversas culturas, quienes desempeñan papeles protagónicos” (1999: 148).
5- Las inestabilidades del final.
Como en muchas de las ciudades actuales, hay diversas ciudades- puertos que emergen en Valparaíso, y, plantearse los desbordes a los que conducen cada una de ellas, en el contexto de los estudios regionales que se preguntan sobre la ecuación ciudadanía, participación y control social, es prioritario, ya que muchos de los relatos sobre las ciudades aparecen en conflicto. La Valparaíso televisiva oscila entre la violencia, la paralegalidad (tapa hoyos, vendedores ambulantes y callejeros, prostitutas), el control social (cámaras de vigilancia) y el turismo (cerros, ascensores, clubes nocturnos, bares, discotecas, pubs). También, está la ciudad gubernamental (Congreso, Consejo de la Cultura y las Artes) y la ciudad otra o heterociudad (prostitución, drogas, alcoholismo, suciedad). Es decir, múltiples ciudades en una ciudad. Todas ellas, y otras más que no aparecen en este escrito, conducen a la inestable deconstrucción de la identidad y a la huella marcada con indicios de la diferencia diferenciada.
No son trazos homogéneos los que dibujan el mapa de la ciudad- puerto, sino heterogéneos movimientos heterotópicos que ponen en cuestionamiento a la representación y su orden taxonómico. Esas inestabilidades se desprenden y desbordan el esquema semiótico de la representación. Valparaíso, al respecto, es como un puzle sin guía de armado o de ordenamiento. Y esa, quizás, es la poderosa forma que tiene la ciudad- puerto de mirar. Pensar en los ejes de la ciudadanía, de la participación y del control, como tres ejes que construyeron el proyecto moderno, sin deconstruirlos desde el post-it- city de la Valparaíso del siglo XXI, con todos los antecedentes reseñados, es pensar en otro diseño de ciudad, del cual Valparaíso –y lo sabe en su intimidad- nunca fue parte.
Referencias Bibliográficas.
AUGÉ, M. (1993) Los no lugares espacios de anonimato. Hacia una antropología de la sobremodernidad. Barcelona, Gedisa.
BAITELLO jr., N. (2008) La era de la iconofagia. Sevilla, Arcibel.
BHABHA, H. (2002) La localización de la cultura. Buenos Aires, Manantial.
DELEUZE, G. (1994) El pliegue. Leibniz y el barroco. Barcelona, Paidós.
DELEUZE, G. (1996) Conversaciones. Valencia, Pre- textos.
DELEUZE, G. y GUATTARI, F. (2000) Mil mesetas. Capitalismo y esquizofrenia. Valencia, Pre-textos. 2000
FOUCAULT, M. (1995) Vigilar y castigar. México, siglo XXI.
GARCÍA CANCLINI, N. (1999) La globalización imaginada. Buenos Aires, Paidós.
GUATTARI, F.(1996) Caosmosis. Buenos Aires, Manantial.
HANNERZ, U. (1998) Conexiones transnacionales. Cultura, gente, lugares. Madrid, Cátedra.
JAMESON, F. (1996) Teoría de la posmodernidad. Madrid, Trotta.
SILVA, V. y BROWNE, R. (2004) Escrituras híbridas y rizomáticas. Sevilla, Arcibel.
Žižek, S. (2001) El espinoso sujeto. Buenos Aires, Paidós.
WILLIAMS, R. (1975) Televisión. Nueva York, Routledge.
miércoles, 14 de abril de 2010
Terremoto mediático: el terremoto en Chile no tuvo lugar.
El terremoto en Chile no tuvo lugar.
Se podría decir que el terremoto en Chile tuvo dos ritmos: uno fue el que ocurrió el 27 de febrero y sus consiguientes replicas, el otro fue el que, desde la madrugada de ese día, se produjo en las pantallas televisivas con transmisiones las 24 hs. (pero sin que ello implicara que fuera en vivo y en directo).
En esta segunda rítmica, se radicalizó la idea de inseguridad (propia del discurso de la derecha que gobierna actualmente y de un sector de la concertación), de estigmatización de la pobreza (los ricos no lloran, parecía la máxima), de enfrentamiento entre las familias y los grupos más marginados por el sistema cada día menos sistémico. A esto se le sumó, toque de queda, militarización de las zonas afectadas (fundamentalmente, Concepción, justamente una de las zonas más enfrentadas del país, entre otros temas, por la causa mapuche) y el discurso amnésico sobre un nuevo tipo de desaparecido, perdido bajo las aguas del maremoto. Nuevamente, intentan limpiar –con la blanca nieve- la historia de secuestros, terrorismo de estado y desapariciones.
Mientras tanto, el país vive a otro ritmo y la televisión sigue, parafraseando a Baudrillard, intentando demostrar que el terremoto no tuvo lugar.
Políticas de la memoria.
La idea que circula en este artículo a modo de interrogación, es sí desde “el exterminio” se puede o no representar. Jean Luc Nancy, plantean la idea de “suprarrepresentación”, para referirse a la espectacularización de los campos de exterminio, “en la cual una voluntad de presencia integral se da el espectáculo de aniquilamiento de la posibilidad representativa misma”. En definitiva, pensar la im-posibilidad de la representación, sus performances, es pensar en la condena de las imágenes que en la historia occidental fue el resultado de la alianza concertada entre “el precepto monoteísta y el tema griego de la copia o la simulación”, de lo artificial y de la ausencia de original.
De esa alianza procede la desconfianza ininterrumpida hacia las imágenes que llegan hasta la actualidad, en el seno de la cultura que las produce en abundancia; la sospecha recaída en las “apariencias” o el “espectáculo”, y cierta crítica complaciente de la “civilización de las imágenes”.
Giorgio Agamben, por su parte, a las ideas benjaminianas afectadas por la catástrofe del fascismo, le agrega la reflexión de que “para efectuar la destrucción de la experiencia no se necesita en absoluto de una catástrofe que para ello basta perfectamente con la pacífica existencia cotidiana de una gran ciudad”. Al planteamiento de Benjamin, lo radicaliza Agamben con el concepto de espectáculo de Debord, donde nuevamente la experiencia se aleja en la mediatización de la imagen postmediática.
No obstante, el concepto de espectáculo, planteado por Debord en 1967 y corregido por el crítico algunos años después en Los comentarios sobre la sociedad del espectáculo, está connotado por la ingenua idea de la alineación y del control total sobre la existencia humana. En ese contexto, simulacro y virtualidad, como nociones postespectaculares, permiten considerar las transformaciones biopolíticas con las que se opera actualmente.
En ese contexto, el presente artículo analizará las transformaciones teóricas –siempre en crisis- operadas por la representación, en momentos en que el simulacro y la virtualidad ponen en tensión a la espectacularización de las imágenes.
De esa alianza procede la desconfianza ininterrumpida hacia las imágenes que llegan hasta la actualidad, en el seno de la cultura que las produce en abundancia; la sospecha recaída en las “apariencias” o el “espectáculo”, y cierta crítica complaciente de la “civilización de las imágenes”.
Giorgio Agamben, por su parte, a las ideas benjaminianas afectadas por la catástrofe del fascismo, le agrega la reflexión de que “para efectuar la destrucción de la experiencia no se necesita en absoluto de una catástrofe que para ello basta perfectamente con la pacífica existencia cotidiana de una gran ciudad”. Al planteamiento de Benjamin, lo radicaliza Agamben con el concepto de espectáculo de Debord, donde nuevamente la experiencia se aleja en la mediatización de la imagen postmediática.
No obstante, el concepto de espectáculo, planteado por Debord en 1967 y corregido por el crítico algunos años después en Los comentarios sobre la sociedad del espectáculo, está connotado por la ingenua idea de la alineación y del control total sobre la existencia humana. En ese contexto, simulacro y virtualidad, como nociones postespectaculares, permiten considerar las transformaciones biopolíticas con las que se opera actualmente.
En ese contexto, el presente artículo analizará las transformaciones teóricas –siempre en crisis- operadas por la representación, en momentos en que el simulacro y la virtualidad ponen en tensión a la espectacularización de las imágenes.
lunes, 12 de abril de 2010
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