martes, 27 de noviembre de 2012

Suicidios y desahucios

En torno a los suicidios y los desahucios en España




A Amalia Egaña y todos/as aquellos/as que se han suicidado o lo han intentado por causa de los desahucios.

El tema de los suicidios ha adquirido en España otro tono y otra carga, luego de que en los últimos meses –y, entre otros sitios, en la Comunidad Valenciana- se produjeran tres suicidios y el intento de una cuarta persona, cuando fueron o intentaron ser desahuciadas. Mientras esto escribo, los medios anuncian el cuarto suicidio, en lo que va de los últimos dos meses, producido esta vez en Navarra. Menciono cuatro pero seguramente son más y esa cifra solo es computada por los medios masivos de comunicación, cada vez más centrados en autoproclamarse y auto-mencionarse, pero con escasas posibilidades de transformarse en ecos de una sociedad angustiada por la situación político-económica por la que atraviesa España, desde que la derecha del Partido Popular llegó al gobierno hace un año.

El caso notorio fue el de Amalia Egaña, ex concejala socialista, quien luego de suicidarse, fue acusada, por parte de algunos tertulianos (especie de periodista que funciona como portavoz del medio que les paga) de que su muerte fue auto-producida porque estaba separada de su marido, porque tenía otras deudas y, ya en la pornografía total, consideraron que su acto podía considerarse “egoísta” en la medida en que dejaba a su familia con todas las deudas. Los bancos, mientras tanto, seguían provocando desahucios.

El suicidio, mal que le pese a la cultura monoteísta –y en particular al catolicismo- no es lo que se opone a la vida sino su contracara, su aporía –me atrevería a decir utilizando una terminología deconstructivo-filosófica-, es decir no hay vida sin muerte, ni suicidio que no sea liberación de la vida. Diversos casos notorios como los de Walter Benjamin (suicidándose perseguido por la Gestapo), Gilles Deleuze (liberándose de una enfermedad terminal) u otros menos notorios, dan cuenta de una inflexión que produce el suicidio, llamando la atención sobre la opresión a la que conduce el capitalismo.

El tema de los desahucios no es una novedad sino que el incremento de los mismos en España, llegando a la cifra que supera los 500 por día, llama la atención y, a su vez, implica una nueva manera de enfocar el incremento de viviendas en propiedad de los bancos y, paralelamente, la perdida de las mismas por parte de las familias, llegándose a extremos que son los de los bancos con numerosas propiedades vacías y varios cientos de miles de familias en la calle. El suicidio, entonces, implica una manera de llamar la atención, por un lado, y, por otro, un acto que debería de concebirse de acción- resistencia y no de pasividad- desistencia. Es comprensible que esta lectura genere muchas polémicas, en la medida en que puede leerse, también, que detrás de los suicidios se encuentre el asesinato del capitalismo en esta etapa mediática, sin embargo, hay diversos casos que podrían considerarse como un acto de enfrentamiento y, paralelo a ello, de liberación.

Habría, por tanto, que producir diversos actos de enfrentamiento a las políticas neoliberales que vienen generando las alianzas entre el gobierno del Partido Popular, Convergencia I Unió en Cataluña, por mencionar los dos casos más reconocidos. Mientras el Rey se opera de la cadera por segunda vez en una clínica privada, producida esa lesión cazando Elefantes en África, miles y miles de ciudadanos son expulsados de sus viviendas, mantienen las deudas y se quedan en la calle sin más que unos mínimos bultos de carga que les quedan, como liberándose de lo material y encarcelamiento en la inmaterialidad del dinero. Metáfora del capitalismo actual.

Víctor Silva Echeto

Escrito en Valencia, a 27 de noviembre de 2012.

viernes, 28 de septiembre de 2012

"Figuras de la asfixia": Arturo Borra

A propósito de “figuras de la asfixia” de Arturo Borra


A Luana porque sí hay futuro

Hay una imagen que me viene siguiendo hace mucho tiempo. Gilles Deleuze no puede respirar “libremente” y decide el acto más humano si lo hay: se tira por una ventana, el suicidio lo libera de la vida. Hoy podríamos muchos practicar este gesto “metafóricamente”, en momentos en que no podemos respirar, los gases lacrimógenos, la represión, la falta de eso que nos falta. Arturo Borra no es un poeta encasillable, no se puede encuadrar ni definir, no entra “en la teoría de los campos” de Pierre Bourdieu.

Figuras de la asfixia su poemario escrito en los 10 años que van desde 2001 a 2011 es un alegato por esa respiración que nos falta. La asfixia política-poética es la falta de “aire”, la última salida –si-es - que-hay- salida. Fascismo de intensidad variable como prefiere catalogar el fascismo de baja intensidad planteado por Antonio Méndez es el que cruza por una historia atravesada por esa im-posible respiración, por esa falta de aire. Lo leería “saltando por una ventana”, gesto humano que permite el devenir de la vida: el suicidio.

“Hay salida” dice el poeta al final-principio de la utopía. Este no lugar al que conduce la práctica libertaria, el ejercicio de la escritura como “liberación”, como respiración. Reitero: léanlo saltando, metafóricamente, por su venta más cercana.

sábado, 8 de septiembre de 2012

A propósito de la poética de Viktor Gómez

Deconstruyendo trazos: una poesía de los indicios.


A propósito de trazas de Viktor Gómez



A Vik,

en lugar de un epílogo.

Los trazos son inestables significantes o, podría decirlo en otros términos semióticos, índices que guían por ciertos trayectos pero no se totalizan en signos o códigos. La poesía, como la imagen, nace con la muerte, ya que no hay poesía sin crímenes perfectos. Por ello, la muerte no es percibida. Los considerados poetas “canónicos” (término que proponen no los “trazistas” sino los codificadores del lenguaje) nunca se consideraron parte de esa condición, sino que sus trazos eran los que desmitificaban el canon del lenguaje. Ni Baudelaire, ni Mallarmé, por citar a dos de ellos. Justamente, con este último, se anuncia la muerte de la poesía.

Trazarse un camino es deambular por entre los “rizomas” de los indicios y no por entre “los árboles” de bosques con raíces. “La mala hierba” se les escapa o los “habita” pero para abrazarlos y desterritorializarlos.

La caligrafía no es la perfección letrística de los programas de ordenador, sino la manipulación de los signos por una mano imperfecta, una mano zurda que, performativamente, “firma” sin “contrafirma”. Suplemento inestable que añade y suplanta, sin embargo, no complementa (Derrida).

Como la imagen, la poesía nace con la muerte, y como ella intenta mirar, buscar, tal como los ojos inocentes que se esconden en cada encrucijada de signos. Sigo hablando de signos, aunque debería de referirme a indicios. Indicial es el método de los que no tienen método. Frente a los ojos agobiados de la cultura occidental, los desviados ojos de los que buscan, en esos indicios, reunir fragmentos, buscar lo que no encuentra residencia. Porque la poesía no tiene residencia, sino un crematorio donde se queman los códigos conservadores.

El poeta se oculta, frente a tanta visibilidad aspira a la invisibilidad, frente a la palabra cerrada el indicio abierto de la voz tartamuda y vacilante. La mano derecha autoritaria y codificada es desquiciada por el trazo zurdo fragmentario.

El puño se cierra y en su interior esconde lo que la mano derecha quiere develar. Hay secretos y silencios en ese puño que golpea. No hay autor, ni lector, sino claves indiciales que hay develar, en ese secreto que oculta lo que la imagen de la supuesta transparencia quiere hacer visible. Todos visibles, controlables. Para desencontrarse hay que ocultarse.

La sangre se seca desparramada en un planeta que cambia su color y su nombre. Los migrantes huyen, buscan en la oscuridad algún indicio, alguna palabra. La sangre de los pies descalzos producida por la huida. Ya no son migrantes sino niños/as, pequeños/as balbuseadores de palabras sin referentes. Tartamudos zurdos en un continente conquistador, que exige la palabra clara y la letra escrita con la derecha del programa de ordenador. Word no deja de intentar corregirme.

No se puede concluir, no hay epílogo posible, “la muerte como devenir de la vida” (Deleuze). La poesía, como la imagen, nace con la muerte. Hay que repetirlo, ya que en la repetición está la diferencia, en la “iterabilidad” está la marca del otro. El otro que soy yo, decía el poeta, pero antes que él, los indígenas, las comunidades tribales.

“Noches sin pájaros”, la pregunta no se la formula el poeta, aunque está latente ahí en los trazos: ¿adónde se fueron? ¿Qué buscan? No hay palabra sino silencio. Más preguntas que respuestas.

Las “nueve Evas” persiguen al “obeso”. Masa muscular incrementada en un contexto de cuerpos agobiados que intentan desaparecer.

Los nómadas desaparecen en la nieve. Robert Walser sale a caminar desde el psiquiátrico y desaparece en la nieve. ¿Qué busca el nómada? Siguen faltando las respuestas y aumentando las preguntas. Letra ilegible de Walser, trazo inacabado. ¿Por qué querer leer lo ilegible? Si el querer es ilegible. Que agobio tanta publicación, tanta poesía que rechaza la muerte. La poesía, como la imagen, nace con la muerte. Nacer es morir.

Para la mujer no hay apoyo posible en la inestabilidad de los trazos. Los ojos vuelven a buscar algo, pero se esconden. Palabra leprosa, orín en la vía, olores nauseabundos que se expanden y ahuyentan la palabra. No hay más códigos, el orín es otra traza. Gesto masturbatorio de una mano zurda que singulariza la toma de decisiones. Faltan verbos me dirán los correctores.

Basura se escribe en portugués lixo. La recogida intenta generar una ciudad sin basura, ocultándola, fuera de ella. En el afuera está la transgresión, en el adentro crecen nuevas formas de control, de fascismo, diría Antonio Méndez Rubio, siguiendo la estela de pensadores y poetas que con el suicidio rechazaron esas formas de control. El suicidio es como la masturbación, gesto singular. Como hablar “con nadie”, escribe el poeta.

El poema se escribe en un “cuaderno roto”, en una superficie que, desde los márgenes, se oculta al centro de la palabra. El nómada balbucea, tartamudea, intenta, con sus “gafas viejas” ver lo no visto. De tanta imagen catódica se enceguece.

“Fuman”, “arden libros”, en el indicio de la lluvia, ¿se puede arder dónde la lluvia cubre de agua el espacio indescifrable de los indicios? “La viruta” es el residuo, la basura, “el lixo”. Donde había madera hay viruta. “La humedad” es el residuo, la basura, “el lixo” de la lluvia. De las gotas caídas queda la humedad. “La viruta húmeda” es la basura de la basura. La basura se retira afuera de la ciudad. La poesía se encuentra en el basural de los signos.

Cojear es desequilibrar el caminar. Frente a la armonía de los pies, la des-armonía del cojo. El indicio es la cojera de la semiótica. Espacio abierto, singular, de una palabra que se encuentra en la orfandad. Gesto parricida.

Entre 1933 y 1945, Walter Benjamin se suicida, en otro trazo. En su lugar se acumulan piedras. “Destrazar las piedras” reclama el poeta. Se rompen los cristales de las gafas viejas. Lo que transgrede no es la altura de los pinos, sino la minúscula geografía del rizoma, de la hormiga, del “bicho” que no tiene nombre sino trazo.

La máquina de escribir de Celan se arrincona junto con el cuerpo masacrado. El cuerpo de la letra, de la palabra, el cuerpo-sin-cuerpo del trazo.

Gesto embriagador de la palabra. Los ebrios no hablan con la claridad de los conservadores de la palabra. Como los tartamudos, la bebida deja sus indicios. Ojos que ya no ven con la claridad de los que todo lo ven. En lugar de la bebida, el indicio, la palabra.

“Lo nunca escrito”. Nuevo crimen perfecto porque se borran las huellas de esa escritura. Pliegue desplegado en la incansable voz que no llega a leer sino a balbucear. Abrazo partido del manco que, junto con el miope –ya sin viejas gafas-, el cojo, el tartamudo, el ebrio, intentan encontrar un espacio fuera del centro de la ciudad de la palabra. En las paredes sus trazos, como grafitis que no se pueden leer con claridad porque no tienen claridad. “Escribo para buscar mi lugar”, escribió un loco en una pared: ¿de Marruecos o de París? El orín en la pared se mezcla con el grafiti.

Mnemosyne: donde se encontraba la palabra, la musa, donde el archivo guarda y desecha el gesto de la memoria. Ahora, retorno de la mudez.

Los/las niños/as jugando en el patio, cavan un pozo, en su interior los trazos de la guerra. Miran al interior del pozo y huyen: en el afuera de la ciudad hay más protección. Sobre el cielo de la ciudad los aviones suplantan a los pájaros y bajo la ciudad las minas sustituyen a las ratas. Ahora helicópteros y metros. Los/las niños/as siguen con sus juegos, mientras que el poeta desarma significantes para trazar sus signos.

“Andando por qué lugar” si no hay lugar, hay afuera y obscenidad (fuera de escena). El constructor desnudo se transforma en deconstructor, en la poesía se deconstruye la palabra.

Se tapan los oídos, el rock and roll los ensordece, la música más revolucionaria se transforma, por vía del fascismo, en la más torturadora, aunque no deja de ser ella la que está torturada.

Como cerrar lo que tiene final o como concluir la deconstrucción de los trazos, volviendo al silencio, a la palabra enmudecida, busquen en estos trazos de Viktor Gómez Ferrer la palabra que se enfrenta a la verdad única, a la imagen homogénea de ojos cansados de mirar más de lo mismo. Busquen con Viktor Gómez Ferrer lo que no hallarán. ¿Otro crimen perfecto?

Escrito en el puerto de Santos (Brasil) a 5 de septiembre de 2012.















viernes, 11 de mayo de 2012

Sobre Historia del cielo de Antonio Méndez Rubio

Antonio Méndez Rubio: los signos de lo inminente

 Antonio Méndez Rubio ha producido una extensa e intensa escritura, tanto ensayística, poética, como en su acción docente e investigadora. Por ello, se podría hablar de la producción de signos de lo inminente, de marcas textuales, discursivo- visuales y sonoras que son albergados en la inminencia (siempre huella, tenue, indicial) y en la precariedad de la página. Historia del cielo es un texto (tejido)irónico, rodeado de interrogantes que se encuentran presentes/ausentes pero que desbordan el tejido de la escritura, deconstructivo, diferencial (el diferendo podría ser una de sus características más destacadas), paradojal y desbordado por el afuera (ya en su último ensayo reflexiona sobre “la desaparición del exterior). Tiene a la deconstrucción como una clave práctico- conceptual para tensionar los versos. La pregunta ¿ni en el cielo? es una interrogación deconstructiva- benjaminiana, pero, también, una interrogante de su generación. En los ’60 se proponía la revolución político- artístico- cultural: “asaltar los cielos”, ahora, en este XXI, sin cielo que asaltar solo la interrogante asume la deconstrucción de los signos. Es el límite que está a punto de intentar sobrepasar. Son los espectros que lo habitan… Si al inicio se interroga, junto con Félix Grande, “¿Por qué se muere la eternidad: porque sale de la lengua?”, el “final” no es un cierre sino una apertura porque “Existe un descubrir el ansia, la nube que se oculta” con una escritura “indigente”, “indecente”, con unos signos imposibilitados, aporía siempre posible, y ahí el “horizonte de espera” derridiano, el de la “hospitalidad”. El afuera, vuelvo a la interrogante sobre la desaparición del exterior, es el amanecer, o, ¿el gran mediodía? nietzscheano, el enfrentamiento sin tregua con el fascismo que, como indica Ricardo Forster releyendo al Instituto de Investigaciones Sociales, Benjamin, Foucault, Deleuze y Guattari, Agamben, no quedó estancado en el franquismo, el nazismo, las dictaduras cívico- militares de América del Sur, sino que se extiende propagando un interior sin exterioridad o sin afuera. Obscenidad como un fuera de escena que se mueve por entre los márgenes o en la porosa frontera de lo inminente. “La paz no va a volver”… El afuera, a su vez, es “no haber entendido lo suficiente”. Es una escritura más que antológica como un remakes, como una copia, simulacro, sin identidad, representación ni ley. El remakes explícito de la “Igitur o la locura de Elbehnon” u otros remakes que asumen que la diferencia está en la repetición, en el límite de la representación… Remakes de Mallarmé pero también de Blanchot. Es el suplemento como añadidura y suplantación. Suplantar la identidad por la máscara del simulacro. Fin del libro y comienzo de la escritura. Desposeer la palabra, la reiterada muerte del autor, tanto en Foucault como en Barthes, entonces: “¿quién habla?”, “¿el silencio?”, “¿la voz enmudecida?”. Fantasmagoría del otro interpelado pero en su fantasmagoría, ya que no tiene nombre, identidad, sino un rostro, un cuerpo como vaciamiento de la totalidad, “cuerpo sin órganos”, o sentido en el sinsentido. Esa imagen que reitera Antonio Méndez Rubio en otros textos de Alicia cruzando la pared. Blanchot, escribiendo sobre: “Igitur o la locura de Elbehnon” se refiere a la “desposesión”, Antonio Méndez Rubio a “la apuesta por lo invisible”, a la “desaparición” como resistencia y no desistencia. Remakes en Blanchot: “Mallarmé habla de una pausa en la poesía, del intervalo que la poesía traviesa, concediéndose un descanso, como si el verso tradicional señalara, por su defecto, la ruptura de la poesía misma... no sólo consiste en la ruptura sino que inaugura intencionalmente un arte novedoso, arte aún por venir y el porvenir como arte. Decisión capital y ella misma decisiva” (Blanchot, 2005: El entre, intervalo, intersticio que en el “tragaluz” de la puerta muestra sin mostrar, monstruosidad como mirada obscena, el rizoma de “musgos” que preservaran, de malas hierbas combatidas pero en su combate huyen. En la palabra, mesiánica, benjaminiana, como caída del cielo, se encuentra una “casa” que recibe, es hospitalaria, en su hospitalidad a tanta mendicidad, recibe sin condiciones/ni condicionalidades. No pone condiciones. No obliga ni su estatuto es la ley. Ley y violencia desde Píndaro van unidas, no hay derecho sin esa violencia. El homo sacer (sacrificable pero no sagrado) con su nuda vida no tiene estatuto, solo en esa casa hospitalaria de la palabra o del significante sin significado (ley, Estado, padre, psicoanalista, cura). Hay un excurso pero que indica ese “antes y después” si toda esta escritura es una discreción sin unidad, ni organicidad, ni sistémica, sino rizoma, huída, deconstrucción como línea que se fuga y nos fuga. Por ello no hay que esperar porque la espera hace daño hay que fugar y, como el bandido (el bando es un homo sacer) atravesar la frontera sin ser vistos ni reconocidos. La noche es para huir, para desaparecer. El silencio desde Lisa Block a Cage es la escritura como margen o una escritura en el margen, crimen perfecto que no encuentra las huellas aunque las busca fuera del lenguaje (Mallarmé y la muerte del lenguaje). El repetido “yo es otro”, o, mejor dicho, ni yo ni otro sino interrogante al “cuerpo anónimo” que nos interroga en términos de Talens. Aliens, como radicalidad del otro, alienación como la monstruosidad del cuerpo extraño que penetra en ese cuerpo que le sirve de acogida. Transplante de órganos, intruso (Nancy) que me habita. No hay origen, sino genealogía (en términos de Deleuze: “lo alto y lo bajo”, “lo sublime y lo miserable”): "Aire de sol No origen. ¿Y para qué? si todo se pierde en una tierra nueva, Las preguntas se pierden en el viento dylaniano, en los “hermanos de memoria” que reclaman a Mnemosyne (la musa de todas las musas) no una ley mnemotécnica, sino un gesto o un deseo de memoria. No podía ser que una colección titulada Portbou no estuviera atravesada por el espectro benjaminiano, un espectro que genera temor y seducción a la vez. La pregunta sobre la imposibilidad de narrar después de la guerra es otro de los límites de la palabra, del recuerdo, ya no hay pasado sino un ángel caído, Lucifer, la imposibilidad de lo simbólico cruzada por la ruptura diabólica. Escritura luciferina. Luz caída. Lucifer es un daimón como Eros. "(para cualquier nosotros) esa mañana la transparencia del futuro sorprendió a los adeptos del pasado haciendo de ángel" Deseo como máquina que produce en la fragilidad de los signos y cruza por la poética de los “sin voz” de la palabra “en harapos”. El sueño no es la aterradora vuelta psicoanalítica o surrealista de la ley, del padre, del parricidio con la palabra sino "donde se dan las gracias
a nadie

Paseo del esquizofrénico más que pasividad del psicótico.
La escritura  nos interpela, nos toca, nos susurra, digo nos pero tendría que colocar la paradoja del “nos” “otros”. Hay una espera deconstructiva, un por-venir que no llega sino que es inminente:

la puerta está tapiada, sola, por
si llegaras, por si no has venido

El espectro, la fantasmagoría de Beckett a Benjamin o Blanqui, fantasmagoría como imaginación como imágenes incompletas sobre las que no hay una estabilidad significante.
Debajo del cielo hay un vacío, un trapecista que mueve su cuerpo sobre una cuerda que mueve ese cuerpo y lo hace más frágil.

No es que tanto cielo descienda:
es que está debajo
del vacío que concibe
cualquier palabra perdida

“No hay hechos sino interpretaciones” repite el fantasma de Nietzsche, por ello,

Alguien debería dar las gracias
por esa invisibilidad

Para saber
saber aquello que no ocurre
en el fondo del cielo

Las sombras “toman” esa casa (Cortázar) la invaden, son espectrales fantasmagorías, ojos (“el tema está en los ojos”, escribe Antonio Méndez Rubio), somos alienados por esa ocupación de fantasmas sin identidad, por esas imágenes, pantallas, rostros con/sin cuerpo, ¿qué otra cosa sino es la imagen?
Hay usos de razón en donde “callar no es semejante a la conciencia”, un “muro” kafkiano con un dentro (ley) y un “afuera” que se expande simbólicamente “como un pan de aire”.
Anti-fenomenológo, anarquista de la palabra, a través de un movimiento discontinuo que tensiona a la interpretación. Son los cuerpos sin órganos con Mallarmé, Artaud, Van Gogh. Hospicios como no lugares acusados por el dedo de la ley, la locura como liberación o el suicidio como el devenir de la vida.
El apunte desterritorializa la palabra y la sitúa en el desvío del poema (si es que puede llamarse poema), búsqueda de ese exterior desaparecido, en el movimiento nómada, en la antropofagia (más que en el canibalismo) que devora los signos, que muestra la oreja cortada como signo de escucha.
El Anti-poeta agradecido y salmodia el Anti- salmo

Ni el cielo se equivoca
de sitio

Hay que ver…

De ahí que lo
que nos pasa con la espera
es que esperamos dentro de un milagro
al que no se encuentra ninguna
razón. Hay que estar más lejos aún
para negarlo, callando o
en celo, mientras abrimos las manos

La resistencia no es precisa, “resiste de aquí hasta aquí”, no es un lugar fijo ni una utopía sino la heterotopía de la imprecisa ubicuidad.
Resistencia contra todos los significados (“significa que hay que estar contra todos los significados”), alarde punk o en clave de rock and roll sobre la autoridad, la seguridad, el encerrarse en signos, por ello, el grito asignificante, el pensar sin estado o contra el estado. Don, intercambio, comunidad como falta de comunidad, lo común como espacio sin completar.
En resumen, la escritura de Antonio Méndez Rubio, es una marca desterritorizante, donde los rizomas (musgos, malas hierbas) huyen, huir es la libertad en la búsqueda de esos afueras; su ángel es un espectro que cae, la invisibilidad como la paradoja del fantasma; una voz que encuentra en su falta la productividad del deseo; un alienígena monstruoso que tensiona las separaciones entre identidades y alteridades (por ello, no hay autor); los cuerpos sin órganos deslegitiman el cuerpo fijo de la ley (solo la contradictoria ley de gravedad o la convulsión sismíca); escritura como copia, simulacro o repetición:

Contra el cielo
crece un árbol. Tenía que ser un árbol
caído. Un rubor. Sin embargo
fue todo. Y ahora con
ese árbol de nada se
hará
un signo que se vea de noche
brillar de sed: un sino
-se dirá-
de tierra firme.

  

domingo, 25 de marzo de 2012



Copan en Sao Paulo, arquitecto Niemeyer

Sao Paulo: la ciudad de las mil caras
Hay ciudades y ciudades… Algunas más contaminadas, otras menos; algunas “monzónicas”, otras “desérticas” y, aún más, otras “de planicies”, y, en muchas se conjugan los tres paisajes.
Sao Paulo es una ciudad de múltiples caras: megalópolis pero con taxistas que hablan con todos/as aquellos/as que se suben a sus coches, son los psicólogos, o, mejor dicho, chamanes de la megalópolis; contaminada hasta no poder respirar pero rodeada de parques y amplías avenidas arboladas que invitan al paseo diario; con lluvias torrenciales (de ahí lo monzónico) pero con soles que abrazan los fatigados cuerpos que recorren kilómetros y kilómetros para llegar a su destino.
La sensación con Sao Paulo siempre es contradictoria: un sentimiento y otro invade a la ciudad que tras la fachada de los edificios vive la soledad del capitalismo “cocaína”.

viernes, 24 de febrero de 2012

Valencia: primavera en invierno



Movilizaciones y represión en Valencia.
Una primavera en invierno.

I
Durante esta semana se ha presenciado en Valencia (España), una fuerte represión policial pero, a su vez, desorganizada forma de apalear estudiantes de un instituto de secundaria, cuyas edades oscilan entre los 14 y los 17 años. Todo comenzó en el centro de la ciudad, en la calle Xátiva, en el instituto Luis Vives, cuando estudiantes de ese centro educativo, comenzaron una protesta por los recursos en la educación pública, que lleva, entre otras cosas, al corte de la calefacción en pleno invierno, la reducción de los salarios de los/las profesores/as y un incremento en la carga de trabajo de los/las profesores/as al incrementarse las horas docentes (no sigo un orden de prioridades). Los/las estudiantes ocuparon la calle y realizaron una sentada como inicio de la protesta. En ese momento, comienzan a llegar móviles policiales (antidisturbios) y a reprimir indiscriminadamente a jóvenes estudiantes, pero, también, a transeúntes, trabajadores/as, y todo aquel que pasaba por allí. Eran las 15 horas del lunes 20 de febrero. Era el comienzo de la represión que ya había anunciado el Partido Popular, partido de derechas en el poder del gobierno, con mayoría parlamentaria y en la mayor parte de las comunidades autónomas.

II
La semana anterior, el 18 y 19, el Partido Popular había comenzado su Congreso en Sevilla, homenajeando a Fraga Iribarne, fundador de ese partido, ex Ministro de Franco, declarado “fascista”, homofóbico, y un largo etcétera de adjetivos que podrían incorporarse sobre quien dijo que el franquismo fue una de las etapas más destacadas de la historia de España. Meses antes, la Academia de Historia, lanzó un diccionario enciclopédico sobre Historia de España, en él se destacan, entre otras biografías, la de Franco. En esa entrada, escrita por un declarado franquista, Luis Suárez, se sostiene que éste no fue un dictador, que su régimen no fue totalitario y destaca su valentía.
Luego de la represión, el jefe de policía (funcionario nombrado por el Partido Socialista Obrero Español –PSOE-), Antonio Moreno, golpeando con sus “nudillos” de los dedos la mesa, dijo, en una entrevista, “no es prudente que la táctica policial yo se la diga al enemigo” (vuelve a golpear la mesa con su mano derecha) “cuáles son mis fuerzas” (nuevo golpe en la mesa). Moreno ya había ordenado la represión, durante el gobierno del PSOE, a los vecinos del Cabanyal, que se oponían al derribo de dos edificios históricos.
Indignación en España por sus dichos, ¿o indignación porque dijo lo que piensa?


III
Los sindicatos mayoritarios de España, UGT y CCOO (Comisiones Obreras), tardaron en anunciar una huelga general, luego de la ley (decretazo) sobre reforma laboral, que en su compleja y laberíntica redacción, entre otros aspectos, “abarata el despido”, “favorece la contratación de mano de obra barata”, “facilita el despido” y “amplía el período de prueba de los trabajadores de seis meses a un año”. Pero para los sindicatos primero había que testear la “calle”. El domingo 19, en su primera movilización, las calles de España se llenaron de trabajadores/as. Pero, la huelga general seguía esperando su convocatoria. En ese contexto, jóvenes estudiantes de instituto se sentaron en la calle Xátiva de Valencia, reclamando lo que los sindicatos no son capaces de convocar. Desde el lunes, todos los días en distintas horas, las calles de Valencia, se llenan con 3 mil o 4 mil personas pidiendo dimisiones y rechazando los recortes a la educación pública.
Hasta aquí un breve relato. En Internet pueden seguirse imágenes de la represión.

IV
Las nuevas formas de movilización no son comprendidas por todos los sectores de la izquierda. El cambio y la transformación de una lógica política de la representación por una transformación de la política en lo político y en la presencia. El fantasma aterra y la presencia en las calles, también. Ambas figuras se solapan en estas movilizaciones mezcla de presencias y ausencias (el caso de Internet). De miles de personas en las calles y de imágenes fantasmagóricas que le reclaman ser vistas a unos ojos “sedados” y a un cuerpo “sentado” frente a la televisión de corte neo- fascista. El otro cuerpo el de la movilización sale a la “calle”, salta la verja de la pantalla televisiva, levanta un puño ante la parálisis de otros brazos que solo trasladan maletines. Son manos, puños, brazos, cuerpos con cuerpos que reclaman “ese pueblo que falta”.

V
Muchos teóricos contemporáneos reflexionan sobre las formas de movilización “postmodernas”. En estas aparece la estética de lo político (Ranciére), la “multitud” como desordenado cuerpo de la comunidad, es decir, del comunismo (Negri), la anárquica actitud contra la represión que podría llamársela con un antiguo nombre como “la banda” (Agamben), y podría seguirse citando teorías y autores. En este momento, con la urgencia de los dedos que escriben sobre las huellas de la represión, no tomaré partido por ninguna de ellas. Hay desde un anarco- comunismo (Benjamin) que reclama su presencia hasta un comunismo libertario que asume que las luchas no son solo políticas sino, también, culturales.
La violencia asume diversas formas, desde la violencia de la representación hasta la violencia de la presentación. La violencia es el choque de fuerzas, las luchas de diversos significantes en el amplío espacio de los signos. Cito a Guy Debord: “En toda mi vida no he visto más que tiempos de desorden, desgarros extremos en la sociedad e inmensas destrucciones; yo he participado en esos desórdenes. Tales circunstancias bastarían sin duda para impedir que el más transparente de mis actos o de mis juicios obtuviera alguna vez aprobación universal. Pero muchos de ellos, así lo creo yo, pueden haber sido mal comprendidos”.

miércoles, 25 de enero de 2012

Vik Gómez Ferrer y su elogio al silencio

Neobarroco en diciembre: un otoño en Estado de excepción
A propósito del último artefacto poético de Viktor Gómez Ferrer

I
El último artefacto poético de Viktor Gómez Ferrer: diciembre, es parte de una máquina de tres piezas. Ya desde el inicio nos alerta sobre los estados de excepción, introduciendo una cita de Walter Benjamin, sobre el concepto de historia. Hay que producir estados de excepción, como reglas, dice Benjamin, esa es la tarea del comunismo, a diferencia de Schmitt que proponía el estado de excepción como normalización de la dictadura.
En Vik el estado de excepción es la poética en momentos de abundantes crisis que sacuden y movilizan los alicaídos y paralizados cuerpos de la subjetividad. Poética más que poesía, poética de cruces y encrucijadas más que poesía como normalización de la dictadura estética del mercado. Por eso, más que Schmitt es Benjamin quien lo precede a este diciembre cargado de inestabilidades.

II
La poética siempre ha sido difícil de comprender y asumir ya que rompe con los géneros y las separaciones arbitrarias: la poesía, según esta visión, debe estar en los versos y la narración en el cuento o la novela, pero encontrar poesía fuera de la poesía no ha sido el modelo convencional, a excepción de ciertas propuestas vanguardistas o neovanguardistas cerradas a un conjunto de experimentadores o para estudio de cátedras universitarias. En Vik nos encontramos con el afuera, la desolación del texto no requiere de acogidas ni en la página del libro porque ya no hay libro.
Mezcla de imágenes (grabados de Curiel), portentosos espacios en blanco que invitan al silencio del lector, y sobre el margen, unas breves líneas trazadas sobre la inmensidad infinita del espacio en blanco.

III
En Gilles Deleuze la idea de neobarroco que aparece en El pliegue. Leibniz y el barroco, se vincula con los pliegues como movimientos incesantes que van del texto a la imagen, de la imagen a la escritura, de la voz que estalla al silencio y éste se desprende del cuerpo de la catedral barroca. Pliegues y despligues. Vik se despliega en diciembre y, en este otoñal enero, se pliega. Nos busca en las voces marginadas y marginalizadas, busca a esas voces, a esos cuerpos detrás de un escuálido cuerpo de la letra. Espacio en blanco…

IV
Cage en 4’55’’ elogia el silencio… Vik en diciembre nos interpela desde los espacios en blanco, para tanto grito nos deja el susurro de la palabra.